‘Código Gris’ de Fusca en la CDMX

Por: Panteón

Pilar Cárdenas ‘Fusca‘ (Culiacán, Sinaloa) llega a Panteón como debe de ser, por amor a primera vista. Nada como crear por necesidad, nada como buscar evolucionar, y por supuesto, nada como utilizar el arte como un puente hacia el crecimiento personal. En este espacio la mayoría de las propuestas artísticas que se exponen llegan gracias a cierto misticismo, no por recomendación.

Con un estilo que se refuerza en el simbolismo, el trabajo de Fusca llamó la atención de nuestros ojos por el evidente flujo de conciencia que existe en su trabajo. La bella incoherencia que tienen sus piezas deja en claro la fidelidad que le tiene a su proceso creativo.

Además de invitarlos a visitar la exposición de Pilar, ‘Código Gris’, que estará hasta el 21 de junio, queremos compartir con ustedes esta entrevista.

¿Cuáles son tus orígenes?

Mi nombre real es Pilar Cárdenas, soy originaria de Culiacán, Sinaloa, donde viví mi infancia y adolescencia. Siempre fui una persona muy introvertida y observadora. Tenía preocupaciones muy serias para una niña sobre el funcionamiento de la vida en general. Leía mucho, escribía y dibujaba para ilustrar. Esta plataforma fue madurando y tomando identidad propia a medida que fui creciendo, convirtiéndose un poco en lo que ahora es mi vida.

¿Por qué “Fusca”?

Fusca me llamaban los amigos de mi hermano menor cuando era adolescente. Tengo entendido que era por mi forma de vestir y porque me gustaba estar con los niños de mala reputación de mi calle. Años después me apropié del nombre para crear una identidad que me funcionara, para mostrar una parte de mí que tenía que ver con mi quehacer artístico.

¿Qué admiras en un artista?

Cuando hay una coherencia clara entre la persona y su obra, sin importar el resultado estético o qué tipo de artista sea. Yo sospecho mucho de las personas que quieren aparentar lo que no es a través del ejercicio del arte. Me parece válido, y no pienso que esté mal, pero a mí no me interesan ese tipo de prácticas más desarrolladas en forma de publicidad, se vuelve claro cómo hay una ruptura entre la persona que lo crea y aquello que crea. Admiro profundamente a las personas que se involucran en el proceso desde lo más profundo de su ser hasta lo más exterior. Respeto mucho a los artistas que se exponen y exponen sus errores públicamente, los que se muestran tal cual.


¿Cuál es tu idea sobre la muerte?

No tengo ideas sobre la muerte, sólo es algo que experimento, y experimentamos, a diario como algo que da siempre vida a otra cosa. Yo no estoy muy segura de que la muerte sea tan real como la hemos aprendido.

¿Cuáles son tus colores favoritos y qué te hacen sentir?

No tengo colores favoritos. El uso de color en mi obra tiene una función específica y esto no tiene nunca que ver con un gusto o con algo que me haga sentir en particular. Cada color tiene una frecuencia distinta, transmite cosas diferentes. El uso excesivo de color es muy común en la estética mexicana y eso está dando cierta información sobre cómo el mexicano percibe la vida. Pero para mí no tiene que ver con la estética o la alegría o nada de eso a lo que se asocia. Tiene que ver con la capacidad de percibir muchos detalles en las cosas y cada detalle tiene un código en color. Si nosotros quitamos el color a una imagen, nos quedamos con blanco, negro y gris. Por lo tanto, vamos a percibir otro tipo de información sobre la misma imagen, una información que tiene que ver más con la estructura que con el detalle. Para mí comunicar lo que percibo es importante en mi obra, es lo principal, y como lo que percibo siempre tiene que ver con la estructura primordial de las cosas, pues los colores neutros y blanco/negro son lo ideal.


¿Cómo describirías la vida de un cuadro?

Un cuadro es un deshecho, es el soporte concreto en donde yo puedo poner de manifiesto algo que para mí es pasajero. El cuadro permanece y dependiendo del valor que se le otorgue es cómo va a ser su vida. Hay cuadros que quedan ahí eternamente existiendo sin propósito y otros que sirven propósitos estéticos. Sinceramente creo que el propósito real de hacer arte en este sentido no lo tengo muy claro. Cuestiono fuertemente esta idea que hemos tomado de la historia de que un cuadro tiene un valor. Creo que el valor real de los objetos creados está en la idea primordial que nace en el artista y que sospecho es mucho más que una pequeña ficción en un pedazo de papel. Pero el propósito del artista en la vida terrenal puede develarse poco a poco cuando dejemos de tener secuestrada, por intereses individuales y egocéntricos, esta capacidad de estar en contacto con aquello que está fuera de la existencia, y que confundimos con talento. Si comenzamos a relacionarnos con otras instancias y a poner en uso esa capacidad para otros fines, nos daremos cuenta que el arte ha sido una etapa pasajera en la vida del hombre donde se pensaba que crear por estética era lo más importante.

¿Para ti qué es la amistad?

Vincularme de forma personal con otro tiene que ver siempre con un propósito en común; si esto no existe, la amistad no existe.

¿Una cosa que hayas robado?

Muchas cosas, practiqué el robo desde que era niña. Lo último que robé fue un libro gigante de la obra de Norman Rockwell. Se lo robé a una amiga muy querida.

¿Qué te causa éxtasis?

Nada.

¿Hasta ahora cuál ha sido tu creación más satisfactoria?

Siempre la última.

 

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