Como realidad virtual para tus oídos pt. 2

¿Alguna vez has jugado Pokemon Go? Muchos de los que usaban esta aplicación, disfrutaban de salir a la calle a capturar pokemones virtuales, objetos intangibles e inexistentes. Más o menos, podríamos describir de esta forma el salir a grabar audio, solo que estos sonidos sí existieron y, una vez archivados, podemos repetirlos y utilizarlos todas las veces que queramos. Hoy en día, es posible capturar audio desde la comodidad de nuestros celulares, sin embargo, así como un fotógrafo adquiere una cámara para que su profesión sea algo redituable, es recomendable comprar una grabadora que nos de la calidad de audio deseada. Tascam y Zoom tienen muy buenos productos, con precios accesibles tanto para principiantes como para profesionales. Para los ingenieros de audio que son además coleccionistas en esencia, poner en práctica este ejercicio podría resultar enriquecedor, ya que abre la posibilidad de generar una librería de audios propia.

Dicha librería puede ser organizada tanto por paisajes sonoros, como por foleys. Aunque la misma grabadora lleve un registro de la fecha de creación del sonido y su duración, es recomendable llevar una libreta para nombrarlo y registrar su ubicación. En el ejercicio de ir clasificando sonidos, podemos ir adquieriendo una capacidad de análisis sobre estos. Con el tiempo caemos en cuenta que hay sonidos que son ya identificables por su repetición en nuestra vida, como el motor de un coche, que hay otros que se parecen entre sí, como el sonido del parabrisas y el latido de un corazón, u otros que definitivamente son característicos de una sola cosa o un lugar, como el sonido que hace un koala.

¿Por qué nos sirve este tipo de análisis? En el cine, la forma en la que utilizamos el sonido, puede adquirir un significado más profundo que la simple narración lineal de las cosas, esto debido a que, como con el olor, este llama nuestra atención por su registro en nuestra memoria. Un sonido desconocido siempre logra hacernos reaccionar, es simplemente un instinto, desarrollamos el sentido del oído para protegernos, para estar atentos. ¿Qué no parte fundamental del cine es provocar, es desatar una reacción? Un buen diseño sonoro puede lograr esto y ni siquiera nos damos cuenta. Es interesante cuestionarnos desde el scouting, cómo el sonido directo distintivo de una locación podría enriquecer a la obra, más allá de lo que se ve por la cámara. Una cosa importante a considerar, es que el sonido se sale del encuadre, muchas veces proviene desde fuera de lo que vemos en pantalla, la pantalla es de alguna forma limitada, el sonido es el que nos da esa sensación de que estamos en un cuarto reducido, una iglesia o un lugar abierto.

El sonido directo es tal cual el que se grabó con uno o varios micrófonos en la escena donde se rodó el proyecto audiovisual. Este es probablemente uno de los desafíos más difíciles para quien trabaja con audio, ya que muchas veces el director no controla o no prevé qué tanto ruido hay en el recinto donde quiere filmar y detalles como la inteligibilidad de los diálogos se pueden volver una pesadilla. Es importante siempre llevar audífonos de mezcla que nos permitan escuchar el ruido ambiental que genera el recinto antes de grabar, pues incluso la posición del micrófono lo modifica. Un resultado profesional y limpio se construye desde la grabación, el chiste es facilitar el trabajo para la postproducción. Si tu intención es realizar sonido directo, realizar el ejercicio de sólo grabar y recolectar sonidos para tu librería, también funciona para ir identificando este tipo de detalles. Ya si te quieres dedicar de lleno, requerirás de un buen micrófono stereo acoplable a la cámara y un boom que te permita posicionarlo lejos para obtener resultados favorables.

Ahora si tu intención es realizar foleys, hacer tu librería de sonidos es el ejercicio perfecto, ya que un foley, es de hecho, un sonido que agregas en postproducción para empatarlo con la imagen. El arte del foley es en esencia la capacidad de asociación entre dos conceptos: el sonido y la imagen. Una vez dominado eso de poner el sonido literal de un plato contra una mesa cuando estás viendo un plato contra una mesa, puedes experimentar con dicotomías o contrastes, e incluir por ejemplo, el sonido del plato rompiéndose, aunque en la imagen sólo veamos el plato en la mesa. De la abstracción, así se va construyendo el lenguaje cinematográfico, que mucho dista de querer comunicar lo que la vida real ya nos comunica.

El sonido por sí solo es algo ya muy completo, sólo es posible imaginar la complejidad que este adquiere cuando se trabaja sobre imagen, para conocer sobre herramientas que puedes utilizar para modificar tus sonidos ya grabados en sí, te invitamos a leer la primera parte de este artículo.

 

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