La inconveniente fusión

Desafortunadamente, México representa un paraíso para las prácticas monopólicas. Los grandes emporios han aprovechado esta situación para acumular un enorme poder tanto económico, como político.

Los ejemplos más claros se encuentran en las telecomunicaciones y la televisión, sin embargo, desde mi punto de vista considero que existe uno significativamente perjudicial para México, el “Monopolio de la Conciencia” que representan las empresas Televisa y TV Azteca.

Recientemente, la Comisión Federal de Competencia (CFC), rechazó la fusión entre Televisa-Iusacell. Mediante esta operación financiera la empresa propiedad de Emilio Azcárraga Jean pretendía adquirir el 50% de las acciones de la telefónica con el objetivo de hacerle frente a Grupo Carso.

Uno de los argumentos de la COFECO en contra de esta inverosímil alianza — ¿algún día imaginamos que las dos televisoras que protagonizaron una encarnizada disputa por el rating se unirían contra su villano favorito Carlos Slim?–  fue la posible concentración que provocaría dentro del mercado de la televisión, en materia de publicidad y contenidos.

Es decir, de haber aprobado esta fusión, las televisoras podrían homologar las tarifas publicitarias dentro de sus canales, y al no existir una competencia real establecer precios altos. Por lo tanto, los anunciantes tendrían que encarecer sus productos o servicios, afectando, como ocurre frecuentemente en este país, al consumidor final (nosotros). Es necesario mencionar que de acuerdo a la CFC, el  57% del gasto publicitario en México se destina a la televisión, principalmente a las dos grandes cadenas. Asimismo, el gobierno federal es uno de los clientes más importantes del llamado “duopolio televisivo”, destinando el 30% de su presupuesto en comunicación social.

¿Ustedes creen que don Emilio y don Ricardo se abstendrían de lograr tan perverso acuerdo? Por supuesto que no.

No sólo eso, si hablamos del tema de las concesiones y contenidos, el asunto es más escandaloso, según datos del periodista Jenaro Villamil, Televisa y TV Azteca controlan el 100% de las cadenas nacionales, 94% de las concesiones de los canales de televisión abierta y el 80% de los contenidos en televisión abierta y restringida. En el caso de este último servicio, la empresa de Azcárraga Jean domina el 55% del mercado.

¿Cómo han obtenido estos beneficios?

Muy fácil, moldeando la opinión pública en función de sus intereses, administrando la ignorancia, y actualmente determinando quien debe ser el próximo presidente de México.

De tal suerte que cuando hablo del “Monopolio de la Conciencia”, me refiero a la enorme influencia que tiene la televisión en la conformación del criterio de los mexicanos, anteponiendo siempre sus intereses comerciales.

Siendo un país donde el acceso a la educación y la cultura es limitado, la televisión en muchos casos realiza la función de “educar” y “cultivar” a los ciudadanos, lo que provoca que crean totalmente lo que transmite este medio de comunicación.

Podría hacer una larga lista de situaciones que lo confirman, un ejemplo fue el asesinato del conductor Paco Stanley en 1999, cuando Televisa, y TV Azteca culparon al entonces jefe de Gobierno del DF, Cuauhtémoc Cárdenas del asesinato por la inseguridad que existía en la ciudad, ignorando el lado oscuro del inolvidable Pacoca.

Otra caso memorable fue cuando gente de “notable capacidad intelectual” como Paty Chapoy, Joaquín López Dóriga, Javier Alatorre, Pedro Ferriz de Con, entre otros acudieron a la Torre del Caballito a regañar a los senadores, porque éstos se atrevieron a reformar la ley para evitar que la campañas políticas siguieran siendo un redituable negocio para sus patrones.

Se quejan de que nunca trabajan, y cuando lo hacen, los reprimen.

Televisa va más allá y no sólo ejerce influencia de esta manera, también interviene directamente en las decisiones electorales, como en 2006 cuando en la víspera de la elección, los personajes de una de sus telenovelas “La Fea Más Bella”, insinuaron durante una escena que votarían el siguiente domingo por Felipe Calderón.

De manera desafortunada esta situación se repite seis años después, con Televisa como la principal agencia de mercadotecnia del precandidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, a quien le han creado una relación con una de sus principales estrellas de telenovela.

Como si el país necesitara de una ridícula historia de amor para salir adelante del hoyo en que estamos metidos y de un candidato que sin haber iniciado la campaña ha demostrado que es un completo ignorante.

 

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