‘Antiperiodistas’ de Fernando Casado

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Antiperiodistas

Fernando Casado

Editorial Akal


¿Cuánto de la lectura que hacemos del mundo, de los hechos que nos rodean, depende de la versión que los grandes medios de comunicación nos dan? ¿Cuántas de nuestras opiniones se basan en las afirmaciones que nos son transmitidas a través de los medios de comunicación más importantes o reconocidos? Estas son algunas preguntas necesarias cuando se trata de explicar la forma en la que los medios de comunicación abordan realidades muy específicas del acontecer de algún país en específico. Preguntas que nos plantea el libro Antiperiodistas: Confesiones de las agresiones mediáticas contra Venezuela, del investigador español Fernando Casado publicado recientemente por la Editorial española Akal.

Fernando Casado (Córdoba, España) busca ahondar en este libro en la idea surgida en su tesis de Doctorado por la Universidad de La Laguna titulada “Venezuela en la prensa internacional: procesos de información y desinformación”, en la que plantea que los grandes medios de comunicación internacionales tienen intereses distintos al de solo informar objetivamente sobre la situación de un país o de una realidad en concreto, como sucede en el caso de Venezuela en donde la cobertura informativa de diferentes medios de comunicación sigue la postura y los intereses de grandes corporaciones económicas mundiales, que terminan dictando la agenda y la visión que sobre Venezuela presentan medios de comunicación, que forman parte de estos grandes conglomerados internacionales.

Antiperiodistas hace así un análisis sobre la cobertura informativa realizada por medios de comunicación internacionales (casi todos latinoamericanos y españoles), para demostrar que en muchas ocasiones esta cobertura rompe con las reglas básicas del periodismo, en aras de presentar una realidad política del país sudamericano en donde la crispación, la tensión y polarización sean la constante, sin entender o prestar atención a los logros del gobierno encabezado por Hugo Chávez, en un primer lugar, y por Nicolás Maduro quien asumió la presidencia del país en el 2013.

El autor, inicia el libro haciendo hace una radiografía exhaustiva sobre los grandes conglomerados económicos y empresariales dueños de periódicos como El Tiempo y El Espectador de Colombia, El Universal de México, El Clarín o La Nación de Argentina o de El País y El Mundo de España, entre varios otros, para mostrarnos que muchas veces las coberturas realizadas por estos medios responden más a los intereses propios de sus dueños que a las de sus audiencias y lectores.

Un ejemplo presentado por Casado sería justamente el de la posición del periódico español El País, que en los últimos años se ha convertido en un referente informativo, y cuyos dueños es el Grupo Prisa, que incluye a la cadena de radio Ser (que colabora en México con Televisa), el periódico deportivo As, el canal de Televisión Canal + y a las editoriales del Grupo Santillana, líder en el ámbito educativo en España y América.

A partir de la crisis económica sufrida en Europa en los años 2008 y 2009 los dueños originales del Grupo Prisa se vieron obligados a vender parte de su participación accionaria a bancos como Santander, HSBC, CaixaBank y a la empresa Telefónica, entre otros. Esto ha provocado que en los últimos años su línea editorial haya cambiado, pues el periódico símbolo del grupo pasó de tener una ideología marcadamente socialdemócrata en la década de 1970, cuando fue considerados por muchos como el “el diario de la transición española”. Sin embargo esta posición ha virado en las últimas dos décadas, como se puede ver en la entrevista a Soledad Gallego-Díaz, una de las periodistas históricas del diario, quien ha sido corresponsal, directora adjunta, defensora del lector, quien le dice a Casado: “El País es periódico muy progresista en lo social, gran defensor de los mecanismos democráticos, pero no es un periódicos de izquierda, como algunas personas pudieran creer; es un periódico que cree en las tendencias económicas tradicionales.”

Otro de los ejemplos que Casado nos presenta para demostrar la forma en la que los medios de comunicación se olvidan de presentar la información es el caso del Grupo Clarín de Argentina, señalado por que su línea editorial “se ha definido como poco definida ideológicamente y se ha ido moldeando a los distintos momentos y gobiernos, según Telma Luzzani “apegada a lo que podría serle conveniente en cada momento”. Apoyó a la dictadura de la junta militar, gracias a la que obtuvo, entre otras prebendas, la empresa Papel Prensa, para después ir virando hacia otras posiciones que, de acuerdo, a la coyuntura y sus aspiraciones como empresa, podían reportarle mayores beneficios”(Pág. 51).

Fernando Casado retoma entonces elementos teóricos del periodismo, para con ellos ir desmontando poco a poco, las malas prácticas y las violaciones éticas, en las que reiteradamente caen los periódicos considerados como los más importantes de la región. El autor, a través de las entrevistas realizadas, va demostrando poco a poco, como los responsables de las redacciones, logran generar una imagen trastocadas del país sudamericano, a través de notas periodísticas, reportajes o crónicas que trastocan los manuales que todo periodista conoce.

Uno de los ejemplos que Casado nos presenta es el caso del periódico español El Mundo, que le sirve para ahondar en las violaciones a los manuales y a las reglas que los mismos periódicos se han impuesto para presentarse ante el mundo como periódicos independientes y objetivos: “La independencia informativa, la objetividad, el rigor y la no manipulación de los contenidos son objetivos básicos de la redacción de El Mundo y derechos fundamentales de sus lectores” es algo que se puede leer en el artículo 2 del Estatuto de Redacción del periódico, sin embargo en el día a día de la redacción la situación puede ser muy diferente, como bien dice Antonio Fernández-Galiano, consejero delegado del Grupo Unidad Editorial del El Mundo, cuando le comenta a Casado en entrevista: “La objetividad no existe, porque al final la información la hacen seres humanos que son personas que siempre tienen un condicionante; como no existe, la independencia, la objetividad son conceptos que, en definitiva y desde mi entender, representan ideales.”

Así que como la objetividad y la independencia son ideales, los reporteros, editores y corresponsales de diferentes diarios, pueden presentarnos información sesgada y manipulada, para que el lector conozca la realidad venezolana solo desde una sola óptica, que responde más a los intereses de sus verdaderos dueños que a los de los lectores de esas publicaciones.

Casado no va presentando ejemplos de cómo los periódicos rompen sus propias reglas para presentarnos una realidad distinta, a la que sus propios periodistas querían presentarles al lector. Un caso específico es, por ejemplo, el cambio de los títulos de las notas, con la intención hacerlos más llamativos, más escándalos. La reportera Maye Primera, del periódico El País de España, le cuenta en entrevista a Casado el caso de un reportaje que realizó y que ella título como “En la celda de los generales”, que apareció el 13 de septiembre de 2009, con el antetítulo agregado por la redacción del periódico que decía: “Reportaje: Los prisioneros de Chávez” y el subtítulo que contaba: “EL PAÍS entra a la prisión en donde Hugo Chávez encierra a compañeros de armas desafectos. Uno de ellos, el general Baduel, repuso en el poder al presidente venezolano tras la intentona golpista contra él en 2002”.

Lo que vemos en el libro de Casado entonces es que lo importante no es hablar de manera objetiva y equitativa del gobierno de Chávez, de sus logros o errores, sino que lo importante es vender diarios a partir del espectáculo, de la manipulación, de la demonización o banalización de la figura de Chávez. Lo importante no es presentarnos información balanceada a los lectores sobre la situación política y social de un país, de un gobierno, sino crearnos una imagen desfavorable de un gobernante, que no respondía a los intereses de los grandes grupos económicos internacionales.

Para la prensa latinoamericana analizada en el libro de Casado todo en la figura de Hugo Chávez era criticable, o como bien le comenta el columnista del periódico El Tiempo, Daniel Samper, los medios “amaban a Chávez” porque los hacía vender más periódicos, tener más audiencia y por lo tanto, ganar más en publicidad, que es al final de cuentas el objetivo de los medios de comunicación.

Al final de cuentas, como bien nos dice Casado en Antiperiodistas, el papel que juegan los medios de comunicación en América Latina es un papel político y económico, que ha resultado determinante en los últimos años en la política interna de los países de la región. Basta recordar el papel de medios como Milenio o Televisa en las últimas elecciones en nuestro país, para entender cuáles son los intereses perseguidos y defendidos por los medios en nuestros países, con lo cual vulnerando el derecho de los ciudadanos a acceder a una información veraz y objetiva.

El libro de Casado viene a poner el dedo en la llaga sobre la necesidad de discutir, seria y profundamente, el papel de los medios de comunicación hegemónicos para poder resguardar el derecho a la libertad de expresión, y cuestionar el papel que juegan los poderes económicos en la realidad mediática en el continente.

La situación de Venezuela ha sido paradigmática en los últimos, pues pareciera que la realidad que los ciudadanos latinoamericanos conocemos de este país se encuentra completamente mediatizada. Todo pasa a través del tamiz de los medios de comunicación, que en muchas ocasiones no ocultan su animadversión por el proceso político encabezado por Hugo Chávez, hasta su fallecimiento, y ahora continuado por el presidente Nicolás Maduro, y ante esta situación los medios de comunicación han jugado determinante para que los ciudadanos del resto del continente, se asomen y “conozcan” la situación del país sudamericano.

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