‘Árboles del lago invierno’ de Luis Muñoz Oliveira

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Árboles del lago invierno
Editorial Almadía
Luis Muñoz Oliveira

“Como te ven te tratan” es una frase popular muy extendida en México que significa que tienes que mostrarte de una socialmente aceptada, vestirte y arreglarte de tal manera que no parezcas extraño, diferente, que no representes una amenaza para las llamadas “buenas costumbres” ¿Qué significa esto? Significa que hay un modelo, un estándar de comportamiento social que define que es lo bueno y que es lo malo, que es lo aceptado y que no es lo aceptado, que es lo “correcto” y que no. Pero en México estas características tienen un trasfondo que muchas veces tiene que ver con la clase social y la raza a la cual pertenecemos.

Nos decimos un país de leyes, de estado de derecho, pero la mayoría sabemos que esas son las mentiras con la que los políticas se lavan la cara. Somos un país desigual, machista, violento, complejo. Un país que nos dice que ante la ley todos somos iguales. Algo que todos sabemos que no es cierto. Un país profundamente desigual (con 50 millones de pobres) y con un salario mínimo tan bajo que por más que mucha gente trabaje nunca, pero nunca, les va a alcanzar para salir de pobres. Con 16 millones de pobres que no trabajan ni estudian y que son material humano listo para engrosar las filas de los migrantes que intentan cruzar la frontera con Estados Unidos para encontrar una vida mejor, o para engrosar la fila del crimen organizado que en México se ha convertido en un azote que en los últimos diez años ha asesinado a más de 100 mil personas y desaparecido a 28 mil personas.

Somos un país violento, pero esta violencia, como nos dice el escritor y profesor de Ética de la UNAM, Luis Muñoz Oliveira, en su libro más reciente Árboles del largo invierno, publicado por la editorial Almadía, tiene raíces muy profundas, raíces que podemos rastrear por lo menos hasta la conquista española, una conquista violenta, basada en el terror y en la humillación hacia el otro, hacia el que no conocemos. Una conquista, que como nos dice Muñoz Oliveira degeneró en una colonia violenta en donde los indígenas, habitantes originarios de las tierras de América, fueron sometidos a una serie de terribles vejámenes, ya que los conquistadores españoles consideraban que los indígenas ni siquiera eran humanos, no tenían alma, eran una especio de homínidos, a los cuáles se podría torturar hasta la muerte u obligarlos a trabajar hasta el desfallecimiento.

Luis Muñoz Oliveira hace es su libro, por ejemplo, un recuento histórico sobre el debate que sostuvieron en pleno siglo XVI el obispo de Chiapas y defensor de los indígenas Fray Bartolomé de las Casas con Juan Ginés de Sepúlveda sobre la humanidad de los indígenas americanos, lo que daría pie a las llamadas Leyes Nuevas que prohibirían la esclavitud de los indígenas. Resulta por demás interesante observar el choque cultural entre dos sociedades sumamente estratificadas, en donde las divisiones sociales eran muy importantes. Luis Muñoz Oliveira nos muestra que la mezcla, el mestizaje resultante entre una estructura social vertical y autoritaria que existía en México o lo que hoy conocemos como México antes de la llegada de los españoles y la impuesta por los conquistadores ibéricos, que creían que al humillar, al destruir la religión de los indígenas de estas tierras están cumpliendo con un mandato divino.

Hay un dato además que Muñoz Oliveira destaca de este debate y sus protagonistas, y es que mientras Bartolomé de las Casas vivió entre indígenas y aprendió de ellos, Ginés de Sepúlveda, quien defendía que los conquistadores españoles abusaran de ellos por “sucios” y “flojos” jamás puso un pie en el llamado nuevo continente y nunca conoció de cerca a los grupos humanos de esta región: hablaba de oídas y mal informado. Pero fue el héroe de los conquistadores españoles.

La recreación que hace Muñoz Oliveira de este debate nos permite entrar al corazón de la sociedad mexicana pues la colonia fue resultado de una conquista violenta que generó una sociedad estratificada por castas en la que el color de piel determinaba la posición social y por lo tanto todo estaba determinado solo por eso: las posibilidades económicas, tu trabajo, tus posibilidades de viajar y México ha construido mitos sobre su no racismo, porque el racismo subyace en las relaciones sociales: “como te ven te tratan” como decíamos al principio, que muestra que a muchos ciudadanos mexicanos les importa más el color de piel que otra cosa.

La conquista se basó en la humillación del otro, la colonia se construyó teniendo como base la humillación de los otros. Y la construcción de un país independiente tampoco estuvo exenta de una visión que denigraba al otro. Es importante entender lo que somos como sociedad para poder cambiar. La educación, dice Luis Muñoz Oliveira, resulta esencial para poder transformar nuestra sociedad. Porque esta sociedad humilla en muchos sentidos, humilla económicamente a millones de mexicanos diariamente, humilla con malos servicios de salud, con malos servicios educativos, humillamos al ciudadano de esta ciudad al obligarlo a viajar durante horas con un pésimo servicio de transporte público, humillamos al peatón al aventarle el automóvil porque creemos que somos los únicos que tenemos derecho para viajar y movernos en esta ciudad. Somos una sociedad terriblemente desigual, que no ha aprendido a vivir a solucionar esa desigualdad.

México es un cuerpo enfermo, un país lleno de contradicciones, un país que pertenece a las 12 economías más grandes e importantes del mundo pero que mantiene en la pobreza a la mitad de su población, tal como nos dice Muñoz Oliveira en Árboles del largo invierno. Un ensayo sobre la humillación. Un largo ensayo sobre la forma en que la humillación lastima terriblemente a los seres humanos, un libro que pone el dedo en la llaga sobre la forma en la que los mexicanos humillamos todo el tiempo a nuestros compatriotas, y a los que no lo son pero que consideramos inferiores: migrantes, indígenas, pobres.

Algo que el filósofo y escritor Luis Muñoz Oliveira recupera en este libro para hablarnos de cómo la sociedad mexicana es una sociedad construida sobre la desigualdad, sobre la diferencia. Esto es lo curioso, nos vanagloriamos de ser una sociedad multicultural, pero la realidad es que no aceptamos la diversidad, somos un país en el que la discusión se torna violenta, un país en el que el otro no es aceptado. Y justo es ahí en donde el libro de Muñoz Oliveira resalta al proponer entender y conocer al otro antes de juzgarlos, antes de condenarlo. La empatía se repite a lo largo del libro es algo que se puede aprender, conocer al otro, reconocerte en el otro es uno de los principales aprendizajes que hemos tenido a lo largo de la historia del ser humano: “No te conozco pero puede entenderte, puedo escucharte.”

Luis Muñoz Oliveira estructura este largo ensayo a partir de reconocer que la empatía no es fácil de obtener, de aprender. Somos seres tribales que nos sentimos más seguros en medio de un grupo reconocido, un grupo con el que compartimos códigos, lenguajes. Y eso nos hace desconfiar naturalmente del otro. Al vivir en medio de un grupo también aceptamos y aprendemos y adoptamos sus miedos, sus fobias, sin pensar, sin cuestionar muchas veces lo que esos miedos representan. El ser humano es un ser de costumbres. Y en ocasiones el miedo al otro, el desconocimiento del otro se convierte en una costumbre más. Sin embargo como nos dice Muñoz Oliveira, estos miedos, estos desconocimientos del otro no deberían existir en un momento histórico en el que pareciera que vivimos hipercomunicados.

Pero lo vemos todos los días, las redes sociales pueden ser una herramienta maravillosa para difundir información pero también se están convirtiendo en las hogueras en donde linchamos a todo aquel que se equivoque. La campaña presidencial del magnate Donald Trump en Estados Unidos nos da cuenta de cómo el miedo y la ignorancia se están convirtiendo en una herramienta maravillosa para atraer votantes, porque lo que ha hecho el candidato republicano es extender el miedo y tratar de humillar al otro, al extranjero, al migrante (en un país de migrantes) al mexicano, al musulmán, en objeto de escarnio, de burla, a través de estereotipos pobres y burdos, que sin embargo son muy bien recibidos por un importante sector de la población.

Hipercomunicados pero encerrados en nuestras burbujas sociales, sería el aprendizaje que nos deja este momento histórico. Para el escritor y filósofo Luis Muñoz Oliveira, la humillación no siempre es evidente para quien la padece ni para el que la causa.

Sin embargo, una vez que se percibe es posible describirla con razones y cuando éstas se exponen es difícil pensar que alguien tenga mejores argumentos para perpetuar su conducta o el estado de cosas que lastiman la dignidad. Perder la dignidad eso es lo que las más terribles dictaduras han hecho con las personas. El nazismo es lo que hacía con los judíos: deshumanizarlos, despojarlos de su condición humana como bien no dice Hanna Arendt, para que tú al violentarlo no sientes, no pienses en la humanidad del otro. Se trata al otro como si no fuera humano, y justamente México es un escenario de esto.

México se ha construido con una mirada que desprecia, denigra, humilla al otro, a pesar de que en la Ley, en la Constitución se encuentra muy claro el hecho de que todos somos iguales jurídicamente. Pero ¿Entonces de dónde vienen esos “lords” y “ladys” que vemos todos los días en las redes sociales tratando de humillar al otro, al que menos con frases tan vacíos como “no sabes con quien te metes” o “¿No sabes quién soy yo?”. ¿Quiénes somos para pasar encima del otro?

Los primeros capítulos de Árboles del largo invierno también nos sirve para que el autor nos muestre que no solo le interesa abordar estos problemas desde la ética y la filosofía, sino también desde la crónica y la creación literaria, ya que estos primeros capítulos recrean el viacrucis a manera de crónicas o pequeñas viñetas, lo que supone para los centroamericanos cruzar México para llegar a Estados Unidos, algo que nos hace reflexionar sobre las circunstancias de pobreza, desigualdad, hacinamiento e invisibilidad en nuestro país. Crónicas esenciales para entender la violencia que hoy cunde en buena parte del país y la hipocresía moral que también se ha convertido en una imagen unívoca de lo que nos hemos convertido como sociedad: nos aterramos con lo que el gobierno de Estados Unidos le hace a los migrantes mexicanos pero nos despreocupamos por lo que les sucede a los migrantes centroamericanos que cruzan (o intentan cruzar) por nuestro país.

Un libro esencial, crudo, que nos permite reconocernos como una sociedad que vive un largo invierno, del cual solo nosotros podemos salir, haciéndonos responsables de nuestra convivencia diaria, aprendiendo del otro, respetando al otro.

 

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