El asesino obediente de John P. Davidson

Por Javier Moro Hernández

El 20 de agosto de 1940 el revolucionario ruso León Trotsky fue asesinado en su casa de Coyoacán,  por el agente de la NKVD Ramón Mercader, quien había utilizado el alias de Jacques Mornard para ganarse la confianza del entorno del líder comunista, exiliado en México desde 1937, gracias a las labores del pintor Diego Rivera, quien había convencido al presidente Lázaro Cárdenas, de asilar a Trotsky, perseguido y condenado a muerte por José Stalin, dictador y máximo líder de la Unión Soviética.

Esto es en esencia lo que nos dice la historia. Pero ¿Quién era Ramón Mercader y que lo impulsó a asesinar a Trotsky en su casa, atacándolo por la espalda con un piolet para escalar? ¿Era odio lo que sentía por el creador del Ejército Rojo o simplemente un asesino frío y despiadado, que siguió las ordenes que venían desde el Kremlin, firmadas directamente por Stalin, que condenaban a muerte a su enemigo íntimo? Estas dudas son las que impulsaron al escritor norteamericano John P. Davidson, a escribir la novela Un asesino obediente, publicado en México por la editorial Plaza y Janés: Seguir los pasos de Mercader, reconstruir su historia personal y conocer los miedos y las dudas que lo pudieron haber detenido antes de cometer el magnicidio.

Sin embargo, la reconstrucción de este camino no debió ser fácil, porque las piezas para saber quién era en realidad Ramón Mercader no están del todo claro, aún hoy, a casi ochenta años del asesinato de Trotsky en su casa de Coyoacán, en donde vivía prácticamente aislado y rodeado de un sistema de seguridad estricto, que sin embargo, se mostró ineficiente a la hora de detener a Mercader, el “asesino obediente”, como lo define Davidson en su novela.

Según los historiadores que han intentado reconstruir la vida de Ramón Mercader, éste nació en la ciudad de Barcelona el 7 de febrero de 1913, y fue el segundo hijo de una familia de clase alta de la ciudad condal, conformada por Pablo Mercader y Claridad del Río. Su padre, era miembro de una familia de industriales de Barcelona. Por su parte, Claridad, su madre, había nacido en Cuba y migrado de regreso a España tras la Independencia de la isla.  En Barcelona se había casado muy joven y procreo cinco hijos en este matrimonio mal avenido. Los padres de Ramón se separaron, tras los escandales protagonizados por su madre, que se había ido acercando cada vez más a los grupos anarquistas y comunistas que pululaban en la ciudad, en vísperas de la Guerra Civil Española. Tras su separación del padre de Ramón, Claridad vivió un tiempo en Francia, en donde se afilió al Partido Comunista de aquel país, mientras sus dos hijos mayores, Luis y Ramón, regresaban a Barcelona. Ahí, Ramón trabajaba en el Hotel Ritz, gracias a su manejo  de varios idiomas y de su elegancia. Sin embargo, también se había acercado a los grupos comunistas de la ciudad y cuando la Guerra Civil estalló participó en varios hechos de armas en el frente de Aragón y en Madrid. Herido fue trasladado de regreso a Barcelona, en donde, según varias investigaciones, se reencontraría con su madre, quien ya era parte de los servicios secretos de la Unión Soviética, la NKVD (antecesora de la oscura KGB) y quería que su hijo también formará parte de la organización, que tenía en sus planes, el asesinato de Trotsky.

Para esta razón los pasos de Mercader se pierden entre 1937 y 1939. Nadie sabe bien a bien en donde estuvo Mercader, ya convertido en esos años en agente secreto comunista. Davidson lo ubica en esos años en París, intentando infiltrarse en las organizaciones trotskistas francesas, con la intención de recabar información. En París además conocería a Sylvia Ageloff, su llave para entrar al círculo más estrecho de Trotsky. Ageloff formaba parte de las organizaciones trotskistas norteamericanas, que eran vitales para mantener económicamente al revolucionario ruso, que para esos años se había establecido ya en la Ciudad de México, en donde vivió primero en la Casa Azul de Frida Kahlo, para trasladarse después al bunker ubicado en la calle de Viena en Coyoacán.

Davidson sitúa acá los primeros brotes de remordimientos que el joven comunista empezó a sentir por tener que utilizar a una mujer inocente para acercarse a su objetivo, el odiado enemigo del líder de todos los comunistas. Stalin no podía perdonar al fundador del Ejército Rojo y había hecho todo lo posible por desacreditar a Trotsky, acusándolo de traidor a la Revolución y a Lenin. Para Claridad era imperante asesinar a Trosky, antes de que éste fortaleciera el movimiento de la Cuarta Internacional y se aliará con los enemigos de la Unión Soviética. Para esto presionaba cada vez más a su hijo para que fortaleciera sus tratos con Ageloff y viajará primero a Estados Unidos para convencerla de su supuesto amor, y que esto les permitiera llegar hasta Trotsky.

El plan de la NKVD, La Operación Pato, estaba dividida en dos partes: Un ataque armado a la casa de Trotsky, organizado y encabezado por el pintor David Alfaro Siqueiros, y la operación encubierta de Mercader-Monard, quién ya se había trasladado a la Ciudad de México, y había sido presentado a Trotsky, aunque mantenía cierta distancia, a pesar de que se presentaba como un seguidor con  ciertas reticencias. Sin embargo, Mercader se había ido ganando poco a poco la confianza de los guardaespaldas de Trotsky y de las mujeres que rodeaban al líder comunista.

La intención era que Mercader pudiera allegarse de información para el ataque armado de Siqueiros, que encabezó un grupo de veinte hombres que atacó la casa de Trotsky la noche del 23 de mayo de 1940. Sin embargo, a pesar de que los hombres de Siqueiros entraron hasta el cuarto de Trotsky, no pudieron asesinar al líder comunista.

Aquí Davidson coloca a Mercader en un segundo ataque de miedo, ya que ha logrado conocer más a su objetivo y ya no lo considera una verdadera amenaza para el poder de Stalin y duda en tener que pasar a la historia como el asesino de uno de los líderes de la Revolución de Octubre. Sin embargo, el fanatismo de Claridad y las presiones de los líderes de la NKVD no le permiten echarse para atrás. Logra entrar a la casa de Trotsky, para enseñarle según él un texto que le han solicitado de una revista francesa sobre la labor intelectual del líder comunista. Una vez en el despacho privado de la casa, Ramón saca de su ropa el arma asesina, que ha escondido en su abrigo y golea con furia en l cabeza a León Trotsky, quién logrará defenderse y detener al asesino. Sin embargo, la herida es mortal, y el líder comunista, el enemigo de Stalin, el fundador del Ejército Rojo, fallecerá unas horas después, tras una dolorosa agonía. Mercader ha cumplido con su misión y la Unión Soviética no lo olvidará, a pesar de que tendrá que pasar veinte años en la Penitenciaria de Lecumberri.

Tras purgar su condena, Mercader viajará a la Unión Soviética con un pasaporte checoslovaco y será recibido como un héroe. Mercader vivirá sus últimos años en la Habana, en donde morirá en 1978, sin mostrar ningún tipo de remordimiento por el asesinato de Trotsky. Para Davidson en realidad Ramón Mercader fue un joven confundido, presionado, que terminó haciendo lo que otras personas y fuerzas querían, mientras se mantenían en las sombras. Un títere del destino, que nunca logró deshacerse de la fuerza influencia que su madre ejerció sobre él, transmitiéndole el odio que sentía por el enemigo de Stalin.

La novela de Davidson es casi una película, que nos muestra como la maquinaria política se ha echado a andar con el fin de alcanzar el objetico final: La desaparición de Trostky. Es probable que si Mercader no hubiera asesinado a Trotsky esa tarde, los servicios secretos de la Unión Soviética lo hubieran seguido intentando hasta alcanzar esa meta. La suerte estaba echada y Mercader solo fue la mano del destino que cayó sobre el cuerpo de Trotsky, un condenado a muerte que seguía caminando.

 

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