‘Calais’ de Emmanuel Carrère

El escritor francés Emmanuel Carrère (Francia, 1957) fue reconocido apenas en el 2017 con el Premio FIL de Lenguas Romances que otorga la Feria Internacional de Libro de Guadalajara. Un premio otorgado por su impresionante y variada obra literaria, que incluye obras como la aplaudida El adversario. Una obra en donde el autor francés mezcla la ficción y la no ficción, algo que él mismo ha denominado como “un tipo peculiar de libros de no ficción”, en donde se habla de personajes reales y que siempre estarán escritos en primera persona.

La obra más lograda y más aplaudida de este estilo, que nos recuerda definitivamente a la novela A sangre fría del escritor norteamericano Truman Capote, como ya mencioné es la novela El Adversario, publicada originalmente en el 2000. Una novela que retoma al personaje de Jean-Claude Romand, quien fingió durante veinte años que trabajaba para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que asesino a su esposa, a sus hijos y a sus padres, cuando la mentira estaba a punto de ser descubierta, para después intentar suicidarse. La novela, o la obra de no ficción escrita desde el punto de vista del escritor, y que fue llevada después al cine dirigida por el mis escritor y que llegó a competir en el Festival de Cannes en 2002.

A partir de El adversario, Carrère ha escrito otras obras de no ficción, siempre con ese punto de vista en primera persona, que le permite un acercamiento particular a las historias, siempre dominada por un profunda capacidad de análisis de la psicología humana, y una profunda observación de la sociedad y de los hombres que habitamos y hemos construido estas realidades. Novelas como Limónov, Una novela rusa, nos dan cuenta de una obra poderosa, que no deja de inquietar al lector al mismo tiempo, y que han festejadas por la crítica literaria mundial.

Pero Carrère además de escritor, también es cineasta y fue periodista durante un largo periodo de tiempo. Aunque después dejo de practicar la profesión, en el 2016 decidió viajar al puerto francés de Calais, para reportear cómo se vivía en la ciudad la llegada de miles de migrantes extranjeros, que se asentaron en un campamento a las afueras de la ciudad, esperando para poder cruzar el canal de La Mancha y llegar a Inglaterra, en donde las leyes migratorias son más laxas que la de otros países europeos.

La crisis de los migrantes del 2016 cambio la configuración política de Europa: miles de sirios que huían de la guerra que se había desatado en su país, en donde la presencia del grupo islámico radical de ISIS, había empeorado la situación, más cientos de migrantes africanos, que habían cruzado de manera precaria y peligrosa el Mediterráneo en su afán de encontrar una menor vida para ellos y ayudar así a sus familias, se encontraron en ese campamento, que la prensa francesa bautizaría como “La Jungla de Calais, se encontraron en esta ciudad del norte de Francia.

Por supuesto que desde el nombre podemos suponer en qué condiciones se encontraban los migrantes que se instalaban en el campamento, mientras esperaban para intentar cruzar de manera ilegal y peligrosa el famoso euro túnel, que conecta al continente con Inglaterra. Tratando de meterse de contrabando en camiones o en el tren que cruza hacia la isla. Sin embargo, las autoridades francesas e inglesas se habían puesto de acuerdo para que esto no sucediera e impedir la salida de los migrantes del campamento, en donde vivían en condiciones precarias, inhumanas, en un territorio que varios periodistas franceses denominaron, como un territorio sin ley. Un campamento que en algún momento llego a albergar a diez mil personas de todas partes del mundo. La mayoría de ellos desesperados y con pocas opciones para mejorar su vida.

La llamada crisis de los migrantes fue un parte aguas de la política de la Unión Europea. Las tensiones políticas y económicas en algunos países del continente, provocaron un fuerte rechazo de algunos partes de la sociedad europea a dar acogida a estos cientos de personas que huían de sus países. En Italia y en Hungría, por ejemplo, los líderes de la derecha política endurecieron sus mensajes, para tratar de evitar la llegada de migrantes a sus países. Partidos de ultra-derecha tanto de Suecia, Alemania, Croacia, Francia, España, por mencionar algunos países, han enarbolado como plataforma política el rechazo a los migrantes, generando miedo en sus connacionales, que han terminado en varias ocasiones, votando por estos partidos. El mismo presidente Trump es de alguna manera resultado de esta crisis, al señalar a los mexicanos y ahora a los centroamericanos como la raíz de todos los problemas de Estados Unidos: violencia, drogadicción, etc, etc.

Carrère viajó en 2016 a la ciudad de Calais, y el resultado de este reportaje es este libro que ahora publica la editorial Anagrama en su colección Nuevos Cuadernos. El autor no pretendía contar lo que muchos otros periodistas ya habían contado, que era la terrible situación del campamento. Su intención era otra: Conocer cómo vivían los habitantes de la ciudad esta nueva crisis. Y el resultado es un reportaje profundamente humano y profundamente perturbador, que nos permite entrar al corazón de una comunidad que se siente abandonada y traicionada por sus dirigentes.

Calais fue un puerto y una ciudad fabril durante muchos años, lo cual generó trabajo para su población, que vivió con ciertas comodidades durante las últimas décadas del siglo pasado. Ahora todo eso se ha perdido, pues la globalización económica se llevó los trabajos a otras partes del mundo, en donde se paga mucho menos que a los obreros bien calificados franceses. Las pensiones han disminuido, el trabajo es escaso, las condiciones de vida se han precarizado, todo es mucho más caro. Esto es en esencia lo que muchas de las personas con las que Carrère conversó le decían: Su antigua ciudad, era ahora una ciudad destruida, con una población que tendrá que salir para conseguir trabajo, y que sufre las consecuencias del desmantelamiento de las industrias locales. Sus habitantes sufren para llegar a fin de mes. En muchas ocasiones no conocen a los migrantes. Pero les tienen miedo. Algo que es completamente normal, el miedo al otro, al distinto, es prácticamente un sentimiento que todos los seres humanos podemos llegar a sentir en algún momento.

Carrère busca a estas personas que han vivido durante toda su vida en la ciudad, y que han visto como su situación de vida se ha complicado. Los jóvenes no tienen las opciones de trabajo de sus padres, irónicamente muchos de ellos tendrán que migrar para conseguir un trabajo en algún momento. Sus padres viven con trabajos que cada vez son más mal pagados, los abuelos sobreviven con pensiones raquíticas.

Es un visión desoladora la que el escritor francés nos presenta con un toque de ironía, con un sentido del humor, que nos deja ver claramente que hay personas de bien entre los habitantes de Calais, pero que por su propia situación, son blanco fáciles de los discursos de odio de los partidos de ultra-derecha, como el Frente Nacional de Marine Le Pen, que señalan a los migrantes de todos estos problemas. Personas que han vivido toda su vida en el mismo rincón en donde nacieron, que conocen poco del mundo, que han leído y escuchado poco de los otros, y que de golpe tienen que convivir con cientos, con miles de personas que no hablan su idioma, no practican su misma religión, no tienen sus costumbres, lo cual representa un choque cultural para el que no estaban preparados.

Pero Carrère tampoco se engaña, el caldo de cultivo para que la violencia estalle está dado. Y la violencia estallará en algún momento. Las tensiones están a flor de piel y tanto los franceses como los migrantes están cansados, se sienten derrotados, abandonados, como sí a nadie le importaran. Eso es lo más triste y paradójico el asunto: en realidad los pobres del mundo se parecen mucho más de lo que pensaríamos. Pero los discursos de odio están listos para señalar todo en los que somos diferentes.

La visión y la escritura de Carrère nos permiten, por lo tanto, entrar en el huevo de la serpiente, ver lo que se está incubando en las sociedades contemporáneas, darnos cuenta de que el futuro es oscuro y triste y que el odio está ahí, planeando sobre nosotros, listo para caer y descargar su furia. Hay que señalar que en el 2017 el gobierno francés realizó un operativo policíaco para desmantelar la jungla. Los migrantes se fueron, pero los problemas de los habitantes de Calais siguen ahí.

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