‘Crónicas de un país que ya no existe’ de Jon Lee Anderson

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Crónicas de un país que ya no existe

Jon Lee Anderson

El afamado periodista norteamericano Jon Lee Anderson (California, 1957) cubrió para el New Yorker el levantamiento popular en contra del dictador Gadafi durante el conflicto iniciado a principios de 2011. Y el resultado son estas crónicas que la editorial mexicana Sexto Piso recopila ahora en este nuevo libro titulado “Crónicas de un país que ya no existe”, en el que podemos atestiguar la lenta y caótica caída de un régimen dictatorial que estuvo en el poder 42 años, en los cuáles el dictador humilló a su pueblo hasta la extenuación. Y todos pudimos ser testigos del resultado casi en tiempo real cuando una turba enardecida lincho al ex dictador, que se había escondido en una de las alcantarillas de su ciudad natal, Sirte, en donde se había escondido pensando que así podía escapar de la furia de los milicianos rebeldes que se levantaron en armas en el 2011 al calor de las protestas populares que se extendieron desde Túnez hasta Siria, y que fueron bautizadas como “Primavera árabe”.

El libro de Anderson, escrito al calor de las desordenadas batallas y encuentros militares que se suceden a lo largo de la costa de Libia, nos dan cuenta de un país dominado con puño de hierro por uno de los dictadores más excéntricos y viciosos de los últimos años. Un dictador que destruyó todas instituciones civiles para instaurar un régimen basado en su figura, en sus deseos y en sus caprichos. Un régimen que se enfrentó a Occidente financiando diversos atentados terroristas durante la década de los años ochenta del siglo pasado, lo que provocaría que las potencias occidentales ahogarán al país con embargos económicos que terminarían obligando al dictador a pagar jugosas indemnizaciones a las familias de las víctimas y a entregar a dos miembros de los servicios secretos como culpables del atentado de un avión de Pan Am que fue destruido en pleno vuelo sobre la localidad escocesa de Lockerbie en 1988.

La obra de Anderson se ha significado por revisar los conflictos sociales y políticos más importantes de la actualidad, destacando entre sus libros la extensa y bien documentada biografía que realizará sobre la vida del Che Guevara publicada por la editorial Anagrama y en “Crónicas de un país que ya no existe”, publicado por la editorial Sexto Piso, Anderson nos hace un retrato sobre el inicio dela guerra civil en Libia, conflicto que como hemos mencionado, terminaría con la muerte del dictador de Gadafi.

Las primeras crónicas del libro están situadas en la ciudad de Bengasi, ciudad situada al noroeste de Libia, cercana a la frontera con Egipto, lugar en donde iniciaron las protestas y que se convertiría en baluarte de los opositores al dictador.

Hay que recordar que la llamada “Primavera Árabe” empezó en Túnez en el 2011, con la inmolación de un vendedor ambulante, que se prendió fuego a sí mismo en protesta por los malos tratos de la policía del dictador local. La ola de protestas se extendería a otros países, como a Egipto, en donde los ciudadanos derribaron a su dictador Mubarak, quien llevaba treinta años en el poder, a Siria adonde se desato las protestas contra el dictador Al Assad degeneraron en una cruenta guerra civil, cuyo desarrollo aún se puede ver y que ha permitido el crecimiento del grupo extremista ISIS o Ejército Islámico.

Las protestas pacíficas empezaron en Libia en enero de ese mismo año, pero la respuesta de Gadafi fue la represión brutal. Esto disparo los ánimos de los ciudadanos que en represalia tomaron los cuarteles policiacos de la ciudad de Bengasi y expulsaron a las fuerzas leales al dictador de la ciudad, lo que iniciaría una guerra civil.

Es en este punto que Anderson llega al país para documentar y acompañar a estas fuerzas rebeldes mal armadas, mal preparadas, mal coordinadas, pero infladas de entusiasmo y odio hacia un dictador que asesinó y humilló durante años a su población.

Las fuerzas rebeldes de Bengasi buscan entonces extender su revolución hacia otras poblaciones de este país poco habitado y en donde las distancias se encuentran marcadas por el enorme desierto que domina los paisajes del país, por un lado, y por el Mediterráneo por el otro. Fue en esta franja de terreno en donde se desarrollaron la mayoría de los desiguales combates entre las tropas leales a Gadafi, conformada en su mayoría por mercenarios centroafricanos, y las tropas rebeldes, conformadas por ciudadanos comunes hartos de su dictador.

Combates desiguales y desordenados, en las que las fuerzas de Gadafi casi siempre hacían uso de su mejor armamento y del poder de fuego de tanques y de aviones rusos, que superaban al anticuado armamento que los rebeldes habían conseguido acumular asaltando los cuarteles de la policía y el ejército en Bengasi y de las poblaciones que iban tomando a su paso.

Sin embargo entre estas fuerzas, conformadas por un grupo vario pinto de ciudadanos y exiliados que regresaban para pelear en contra de Gadafi, primaba un ánimo cercano a la celebración, pues por fin habían encontrado el valor necesario para enfrentarse a un tipo que había asesinado brutalmente a todo aquel que se atreviera a oponerse a sus desquiciados designios.

Sin embargo el mejor armamento y preparación de las fuerzas de Gadafi casi logran terminar con este levantamiento popular, que tuvo que ser apoyado por la comunidad internacional, que impuso un bloqueo aéreo, que destruyo la aviación militar del dictador.

La segunda parte del libro de Anderson nos habla del triunfo final de la revolución, que sin embargo planteaba una serie de problemas y conflictos que salieron a la luz a partir de la caída de Gadafi. En el país ahora campeaban las milicias armadas que se levantaron en armas en todas las provincias, quienes habían sido los grandes triunfadores y que no estaban dispuestos a entregar sus armas a ningún poder civil. Además, muchas de estas milicias se radicalizaron a lo largo del conflicto, acercándose rápidamente a los postulados de AL Qaeda y de ISIS. De hecho muchos libios viajarían después del triunfo de la revolución a Siria para integrarse a las filas de este último grupo, por lo que la inestabilidad política y la violencia aún siguen presentes en el país.

Anderson hace un llamado así hacia la comunidad internacional, que una vez caído Gadafi se desentendió de los conflictos sociales y políticos del país, lo que provoco que varios grupos armados se asuman como la verdadera autoridad del país, y un éxodo de migrantes libios hacia Europa, en busca de mejores condiciones, pues la economía y la infraestructura del país han quedado destruidas ante la avalancha de violencia que todavía campea en las fronteras del país, que se ha convertido en un “No estado” en palabras del periodista norteamericano, quien también nos comenta que estas condiciones son un caldo de cultivo propicio para los radicales islámicos que se pueden aprovechar del odio y el desencanto que campea entre la juventud libia, heredera del final del conflicto y de un país en ruinas, que justamente, ya no existe y el cual es necesario reconstruir.

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