‘Doble, derecho, en old fashion’ de Adolfo Vergara Trujillo

Doble derecho, en old fashion.

Adolfo Vergara Trujillo

Editorial Librosampleados.

 

En ocasiones para definir libros nos bastan unas pocas palabras: nostalgia, tristeza, dureza, derrota y estas podrían bastar para hablar de un libro como el de Doble, derecho, en old fashion. Pero esas cuantas palabras suenan a mentira cuando se trata de avanzar en la disección de una obra punzante como la de Vergara. Hay un dejo de agonía en los cuantos que conforman este libro publicado por la editorial independiente mexicana Librosampleados. Pero también hay un cariz de ironía filosa que circula por las páginas, por las letras, de estos cuentos. Una ironía calcinante, diría yo, una ironía que baja por la garganta como un buen trago de whisky, una mirada irónica, lúcida, penetrante sobre las relaciones humanas, sobre las derrotas y las debilidades humanas. Una ironía que quema, pero que al mismo tiempo vivifica. Ese es uno de los elementos que definen y delimitan los terrenos narrativos que se recorren en los 8 cuentos que conforman este libro, que también suena a música, a rock decadente, a blues, a cigarros, a bares vacíos, a vasos abandonados.

Los cuentos de Vergara nos sumergen, nos introducen, con una prosa fina, cuidada, que al mismo tiempo es descarnada, parca en adjetivos, en un universo en donde la sensación de derrota, es lo que prevalece.

Pero tal vez exagero, tal vez miento, pues para para que haya una derrota debe existir un intento previo de vencer, de encontrar un nuevo camino. Los personajes de Vergara se mueven en una extraña frontera, difusa, en donde no se saben bien sí la derrota es más un premio o el fruto de una carrera hacia los infiernos. Los personajes de Vergara prevalecen a pesar de las adversidades, sufren, pero siguen de pie. Estoicismo puro. Como tomarse un trago directo. Como buscar ahogarse en fuego para permanecer de pie, para fortalecer el cuerpo y el espíritu.

Son personajes apabullados por el peso de la vida pero que no están derrotados aún. Y es justo ahí, en esa condición, donde sobresale la mirada irónica y la prosa austera de Vergara, de la que ya hemos hablado, como virtudes literarias que le permiten al autor entrar a estos mundos sin condenar moralmente a sus personajes. Pero la prosa de Vergara tampoco celebra la vida de sus personajes, no se regodea con la dureza de las condiciones a la que se enfrentan estos hombres y mujeres que viven al límite, que siguen buscando en el límite las fuerzas para permanecer de pie.

En los cuentos de verga no encontramos con la flagelación ni con la celebración gratuita del dolor. Somos testigos, gracias a la mirada certera, lúcida del autor, de mundos que se desgajan, que caen, que son sometidos por fuerzas superiores a las fuerzas de los personajes, cuyo mayor virtud tal vez sea justamente sea su capacidad de adaptación, para lograr mantenerse a flote en medio de las tormentas y de las marejadas que los sacuden. Sobrevivir manteniendo la cabeza erguida, fuera de la porquería que amenaza con ahogarnos. Para eso se necesita voluntad, valentía y talento. Algo que los personajes de Vergara reúnen en altas dosis.

Personajes como el protagonista de ‘Son Rabadán’ por ejemplo, nos dejan en claro que e ser humano necesita algo más que solo dignidad para mantenerse a flote. Se necesita valor pero en ocasiones también, altas dosis de ironía y una pizca de cinismo. Un hombre que sobrevive regenteando un bar de mala muerte mientras su mujer tiene sexo en la parte de atrás. Él sabe que esa mujer lo ama, igual que él a ella. Lo que está sucediendo atrás es resultado de las circunstancias que él y ella no controlan. Lo que controlan es su capacidad de sobrevivir, de seguir adelante como sea, pero siempre juntos.

La reina madre es otro cuento en donde la ternura y la destrucción se conjugan para darnos cuenta de que la vida tiene muchos más matices de lo que normalmente estamos dispuestos a aceptar: Una mujer exitosa pero cansada de su profesión llega a casa justo a tiempo para darle de cenar a su pequeño hijo. Una madre responsable que el camino de regreso nos ha develado que es una prostituta y actriz de porno exitosa. Cansada, como muchos de sus años de trabajo, deseosa, como muchos de pasar más tiempo con su hijo y descansar. Una vez más, la vida tiene muchos más matices, es mucho más amplia que la triste imagen blanca y negra que muchos tenemos en la cabeza.

Pero una vez más debemos mencionar la capacidad del autor, de Adolfo Vergara, para desmontarnos estos universos, que para algunos les sonarán sórdidos o crueles, de una manera sincera, sin ambages, pero sobre todo, sin matices morales. El autor nos cuenta la historia de una manera directa, fiel, y es a los lectores a quienes nos corresponde tomar partido, hacer conclusiones, enojarnos o admirar a estos personajes que, como hemos dicho, sobreviven, continúan luchando, esforzándose día a día. Como muchas personas a lo largo del mundo.

Es ahí en donde radica el poder de estos cuentos: en poder contar, en administrar en dosis calculadas, perfectas, los tragos para que el lector pueda degustar estas historias.

Mención aparte merece el cuento de ‘Abogánster’ en donde el autor nos hace un perfil perfectamente delineado de uno de los abogados más terribles que han cruzado por nuestro país (un país dominado por mafias, que tienen en estos personajes oscuros y terribles que son los abogados, a sus mejores alfiles): Bernabé Jurado.

Pero Jurado se cuece aparte, ya que es el verdadero y original ‘Abogánster’, el papá de todos los abogados corruptos, el jefe de jefes de la abogacía del diablo. Solo él pudo haber trabajado con personajes tan disímbolos como el mismísimo William Burroughs, a quien sacó de la cárcel de Lecumberri solo tres días después de haber asesinado por accidente a su esposa jugando a la ruleta rusa después de una larga noche de juerga, que defender a todo aquel político corrupto que necesitará de sus servicios. Jurado es el abogado más corrupto de su época, el abogado que señaló el camino para la cleptocracia mexicana, un hombre que fue admirado y temido en su momento, algo que Vergara retrata de manera magistral en su relato basado en una supuesta comida en la cantina La Ópera, en donde un gris burócrata logra acceder al círculo íntimo de este terrible personaje, para hacernos un retrato sin ambages del poder corruptor de un hombre que sabe que en México muchas cosas se arreglan con una buena cantidad de dinero y un buen abogado de tu lado. Vergara logra un retrato que nos deja ver que la corrupción en México es un problema de larga data y que personajes como Jurado están ahí, jugando y aprovechándose de las ventajas que este sistema le da y les permite a los corruptos.

Adolfo Vergara Trujillo logra trasladarnos así a universos oscuros, en donde la derrota es una realidad, pero en la que aún quedan espacios para la lucha, para la capacidad de adaptarnos, de escapar, de proseguir la batalla, de mantenernos en pie de lucha.

Doble derecho, en old fashion, es apenas el segundo libro publicado de autor nacido en la Cd. de México en 1975. El primero de ellos, ‘Freak y otros tormentos‘ se publicó en 2002 por la Editorial Ficticia. Sin embargo Adolfo Vergara Trujillo se ha mantenido sumamente activo en estos escribiendo la columna ‘Rock Ficcion‘ e la revista Warp y además ha sido incluido en diversas antologías. En 2015 escribió un epílogo para la novela “La máquina de matar pájaros” de Flavio Cianciarulo y en 2016 es responsable de literatura en la ópera-rock ‘La salvación de Juan y Solo‘, álbum conceptual de Los Fabulosos Cadillacs, y además ha sido traductor de varios poemas de Charles Bukowski.