El Funeral de Lolita por Luna Miguel

Como sabemos Lolita es uno de los grandes mitos de la literatura universal del siglo XX. La niña hipersexualizada, de la cual los hombres mayores se enamoran. O simplemente la desean. La novela de Vladimir Nabokov nos cuenta una historia que rompió estándares y tabúes desde su publicación en Francia en 1955, por la editorial Olympia Press, especializada en publicar libros considerados pornográficos.

Desde esa primera publicación, Lolita se convirtió en un mito y creo un mito literario, el de las “Nínfulas”, las jóvenes, las niñas, que iniciaban su vida sexual cuando eran muy pequeñas. Un mito que ha llevado a crear una serie de imágenes sexuales sobre las jóvenes y su relación con el sexo, que va más allá de la narrativa. Pero es que justo ahí en donde radica uno de los poderes y de las maravillas de la literatura: crear imágenes que personas que no han leído el libro pueden identificar sin mayores problemas. Este es el caso de las “Lolitas”. Todos sabemos quiénes son, que hacen y porque son llamadas así.

Sin embargo, en los últimos años se han venido desgranando con mayor atención los elementos narrativos que componen la brillante novela de Nabokov. Uno de estos análisis lo realizó justamente la escritora española Luna Miguel, quien en una entrevista mencionó que no deja de ser brutal el poder entender a Humbert Humbert, el protagonista de la novela, quien se enamoró perdidamente de Lolita, pero quién es en realidad un monstruo, un pedófilo, un secuestrador, que se lleva a la niña (Lolita solo tiene 12 años), lejos de su familia, después de maltratar psicológicamente y físicamente a su madre.

Esta es una lectura que puede molestar a los admiradores de la obra del escritor ruso, pero sin duda, es una lectura más adecuada para los tiempos del feminismo y del #metoo en el que vivimos.

Es justamente la novela de Luna Miguel, El funeral de Lolita, de la cual debemos hablar el día de hoy. El título de la novela es ya una declaración, una toma de posiciones, que nos habla de la decisión de la autora de dar muerte simbólicamente al mito de Lolita.

Luna Miguel es una joven escritora española nacida en Alcalá de Henares y que ha publicado los libros de poesía “Estar enfermo”, “Poetry is not dead”, “La tumba del marinero” y “El arrecife de las sirenas”, además de que ha trabajado como editora en varios medios digitales de España y El funeral de Lolita es su primera novela, publicada tanto en su país natal como en México por la editorial Lumen.

Helena es una joven crítica de comida, que vive en Barcelona, aunque nació en Alcalá de Henares. Una mañana Helena recibe un mensaje a su Facebook de parte de la que fue su mejor amiga en el Instituto. Un mensaje escueto, que por otro lado, lleva implícito un reproche: “No sé si estas viva o no” dice su amiga, para terminar informándole del fallecimiento de Roberto, el ex profesor de literatura de ambas.

Roberto el joven profesor, el joven intelectual rebelde, que les enseña a sus alumnos y alumnas a pensar, a escribir, a rebelarse. Roberto también es un mito de la literatura contemporánea: El profesor de buenos sentimientos que logra entender a sus alumnos, que logra conocer sus ideas y sus sentimientos, el que los impulsa a seguir sus sueños y que lean y a escriban y se dediquen al arte. Esta imagen la conocemos, la hemos visto en el cine, en las series. Pero Helena tiene otra idea, otra imagen, otros recuerdos. Para Helena es el joven profesor que se acercó a ella, que la ayudo, sí, pero que también abuso de su poder, que también intentó tener sexo con ella, forzarla a tener sexo con ella, a partir de la idea de la seducción, de ese amor por su joven y bella alumna, por su “Lolita.

A pesar de eso Helena decide acudir al funeral de Roberto. Aunque no sepa muy bien en realidad porqué. ¿Para cerrar heridas? ¿Para reclamarle lo que hizo cuando ella era una adolescente solitaria y amante de la literatura en Alcalá? ¿Para escupirle en su tumba? ¿Para declararle su amor? Aquí Helena está confundida. Nos habla de sus recuerdos, de la muerte de su madre, del suicidio de su padre, de su soledad, y de Roberto. Y podemos pensar, en algún momento, que Helena sí estuvo enamorado de su profesor de literatura del Instituto. Tal vez, pero ¿Cómo saber sí lo que ella sentía era amor, fascinación, deseo o asco?

Tal vez un poco de todo, la verdad. Por lo menos si nos apegamos a las palabras de una Helena que regresa después de muchos años a Alcalá y se da cuenta de que hay muy poco de ella en esa ciudad.

Los recuerdos de Helena son confusos, lo mismo que sus pasos, lo mismo que su presente. A través de su mirada nos damos cuenta de que hay mucho aún de la niña solitaria y herida que fue Helena. Sus relaciones están marcadas por el silencio y la confusión. Su actual pareja, un chico francés al parecer bien intencionado, no entiende que está haciendo en esa ciudad, en el funeral de su maestro. ¿Fueron amantes? ¿Lo amabas? Le pregunta y la presiona. Ella no puede hablar abiertamente, realmente de lo que sucedió entre ella y Roberto. La relación con su jefe, un importante crítico culinario catalán, está marcada por ciertos dejos de amor filial, de protección, pero también por ciertos toques de violencia, de superioridad, de maltrato por parte de ese jefe exigente, triunfador, que en ocasiones puede dejar pasar ciertos arranques de soberbia y rebeldía de Helena.

En algún punto de la novela, veremos a Helena con la viuda de Roberto. En esa cena la viuda le entregará a Helena la novela que Roberto escribió. La novela de los dos, podemos llegar a pensar. Un homenaje a su amor.

La muerte de Lolita de Luna Miguel es una novela corta, que se lee rápidamente, que tiene elementos puntuales de la cultura contemporánea: el acoso, la violencia contra las mujeres y la normalización que hemos hecho de ello. También pone el punto sobre las dificultades que encuentran las relaciones contemporáneas para afianzarse. Aquí cabría la pregunta de ¿cómo queremos relaciones sentimentales sanas si muchos de nosotros estamos heridos, adoloridos?

Helena es una chica solitaria, creció así, es una mujer a la que le cuesta abrirse, contar lo que siente, lo que piensa. Tuvo que hacerse fuerte, tuvo que hacerse dura. La novela de Luna Miguel contiene elementos de una hermosa crudeza, como cuando la vemos comer carne: Desolada, furiosa, ansiosa, toma la carne con las manos, se harta con ella. No hay nada de sensual en ese acto. Es puramente animal: llenarse, llenar el cuerpo, saciarse. Olvidar el dolor del cuerpo llenándolo, hastiando el cuerpo.

La muerte de Lolita, como dijimos al principio, es así una novela que marca un punto, un límite, un hasta aquí. Una novela que nos viene a decir que hay que amar a la literatura, con furia, con pasión, pero no hay que convertirla en pretexto para nuestras bajas pasiones. El amor que sentía Humbert era profundo pero al mismo tiempo maligno. Le hizo daño a Dolores, la convirtió en víctima, porque no la dejo ser, no le permitió desarrollar esa fuerza volcánica que emanaba de su cuerpo. Una fuerza que en realidad no le correspondía a Humbert tomar para sí, violentar para sí. Lolita jamás le dijo a Humbert que lo amaba, que lo deseaba. Helena jamás le dijo a Roberto que lo amaba, que lo deseaba. Y los dos ardían en deseos por ellas. Pero el no debe seguir siendo sagrado, el no debe respetarse. Algo que ni Humbert ni Roberto hicieron, violentando, arrancando, tomando por la fuerza una sensualidad que no les correspondía a ellos tomar y gozar.

Ahí radica la importancia de la literatura: en desmontar los mitos, en cuestionarlos, en analizarlos. Lo que está haciendo El Funeral de Lolita no es solo contarnos una historia, sino también desmontar un mito. El del hombre que ama a Lolita. Porque al final del día, nosotros, lectores, no conocemos la versión de Lolita, no conocemos su voz, sus palabras. Helena toma esa voz y nos cuenta del dolor, la pena, el daño realizado por un hombre que se aprovechó de una posición de poder. Roberto pudo haber estado enamorado de Helena. Pero ella no sentía lo mismo por é, y tal vez esa pequeña diferencia abre una brecha enorme entre ellos. Lo que vemos en el funeral de Lolita es a una mujer que intenta reconstruirse, abrirse paso hacia su dolor y entenderlo. Una mirada que se hace necesaria en estos tiempos.

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