‘El rey de la cocaína’ de Ayda Levy

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El rey de la cocaína
Editorial Debolsillo
Ayda Levy

“Mi vida con Roberto Gómez” es el subtítulo que lleva este libro publicado originalmente en 2012 y que este año fue reeditado en todo el continente por la Editorial DeBolsillo y que narra la historia del llamado “Rey de la cocaína” Roberto Gómez Suárez (1932 – 2000), un acaudalado empresario boliviano, que a partir de los años setenta del siglo pasado entró en el negocio de la cocaína, produciendo la versión más pura de la misma y vendiéndosela al mejor postor durante años, hasta que el gobierno de los Estados Unidos inicio una cacería en contra de él y de su grupo de asociados conocida como “La compañía”, conformada por políticos, militares y empresarios bolivianos, quienes bajo la dirección de Gómez Suárez controlaron no solo la producción del alcaloide en su país, sino que también dieron el golpe de estado de 1980, para imponer una sangrienta dictadura militar, en la cual un primo de Gómez Suárez, Luis Arce Gómez, ocupaba el puesto de Ministro del Interior del país, lo que le permitía al capo y ganadero exportar cientos de toneladas de cocaína para sus socios colombianos, Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha.

Pero la historia que cuenta Ayda Levy, la ex esposa del llamado “Rey de la cocaína” no solo nos habla del poder que adquirió su esposo, sino también de las redes políticas y militares que protegían el negocio ilícito de su esposo en su país natal, lo cual le permitía sentirse completamente impune, protegido y alejado de cualquier persecución policíaca. Algo que podemos pensar, sigue sucediendo en nuestros países latinoamericanos.

Pero antes de que Roberto Gómez Suárez se convirtiera en uno de los más afamados criminales del sur del continente, tanto que el director norteamericano Brian De Palma se inspiró en él para crear el personaje de Alejandro Sosa para su película Scarface protagonizada por Al Pacino, fue uno de los hombres más ricos de su natal país, Bolivia, heredero de las fortunas más importantes del país, como nos cuenta en este libro su viuda Ayda Levy, quien nos cuenta que Gómez Suárez era un hombre quien recibió una educación esmerada ya que formaba parte de una familia de hacendados que se había instalado en departamento selvático del Beni, en el oriente de Bolivia, en donde empezaron a incrementar su riqueza al formar parte de los terratenientes que se aprovecharon del boom del caucho, que se producía de manera natural en aquellas apartadas regiones, para después convertirse en empresarios ganaderos, que exportaban hacia el vecino Brasil.

Este imperio económico se vio fortalecido cuando uno de sus jóvenes herederos, Roberto, vio el potencial que tenía la exportación de la cocaína, alcaloide que se extrae de la planta sagrada de la coca, cuya siembra y producción es normal en Bolivia, en donde las personas la consideran una planta sagrada y su consumo natural es constante y normal.

Sin embargo a partir de la década de los setena e impulsado principalmente por narcotraficantes colombianos el consumo de cocaína en los Estados Unidos creció explotó en las ciudades de Nueva York, Miami, Los Ángeles y el consumo a la alza obligó a los narcos a buscar nuevos productores que pudieran surtir la creciente demanda. Y Gómez Suárez vio en ese momento la posibilidad de entrar al mercado como productor asociado con los delincuentes colombianos. Ahí se genera una explosión económica para las zonas campesinas pobres productoras de la hoja de coca, que sin embargo no beneficiaba a los campesinos, que como casi siempre, eran el eslabón más débil de la cadena.

Algo que Suárez Gómez pensó en evitar al convertir la siembra y purificación de la cocaína en un negocio centrado, un monopolio. Y la empresa resultante aglutinaba a militares, políticos, terratenientes y fue conocido como “La Compañía”. Esta empresa fuerte y centralizada pudo negociar mejores precios por el producto producido en las selvas bolivianas, tanto que el empresario empezó a presentarse como benefactor de los campesinos pobres del oriente boliviano.

O por lo menos esto es lo que nos dice su viuda: Que Roberto Gómez Suárez consideraba que tenía una misión espiritual de proteger a los pobres de su país y que la cocaína era un buen negocio para sacar del atraso a los pobres e su país. Y enriquecerse un poco más ¿Por qué no? Y además obtener más poder político. Un poder que le impidiera ser detenido por las autoridades norteamericanas y la DEA quien ya lo tenía ubicado como uno de los principales productores y proveedores de la cocaína que durante la década de los setenta y ochenta inundaba las calles de las principales ciudades norteamericanas.

Para protegerse de una persecución que lo llevará a terminar en alguna cárcel norteamericana y poder proteger su boyante negocio, Gómez Suárez fue el principal impulsor del golpe de estado dirigido por el Gral. Luis García Meza, quien impuso una sangrienta dictadura, que le permitió a Gómez Suárez seguir presentándose como un respetable hombre de negocios, mientras que en sus tierras cientos de aviones salían cargados de cocaína rumbo al norte del continente.

La caída de la dictadura militar, el arresto de su primo, el Ministro del Interior Arce Gómez, y la persecución desatada en contra de sus socios colombianos fueron acorralando al “Rey de la cocaína” quien poco después tuvo que ver como su primogénito era arrestado en Europa, para después ser asesinado en un atentado que era dirigido en realidad en contra suya.

Estos golpes, más los cambios y la apertura política llevada a cabo en Bolivia por las presiones de Estados Unidos, permitieron el arresto de Gómez Suárez en 1988 y pago una sentencia de 15 años en la cárcel prisión de San Pedro de la ciudad de La Paz, lejos de su querido oriente boliviano. Sin embargo el empresario Gómez Suárez fue liberado en el año de 1996 y fallecería cuatro años después.

“Mi vida junto a Roberto Gómez Suárez” es un libro contado desde la cercanía de una persona que paso muchos años junto a un hombre poderoso sin saber mucho de los tejemanejes de los negocios sucio. Es la visión de una esposa perteneciente a la clase acomodada del oriente boliviano que no cuestiona y no pregunta a qué se dedica su marido, acostumbrada a los lujos. Este podría ser uno de los primeros problemas de este libro, porque no podemos creer que un hombre que obtuvo tanto poder y que negocio con delincuentes desalmados y crueles como Pablo Escobar era solo un padre y esposo amoroso. Y digo “solo”, porque es posible que lo fuera, pero sin duda era un tiburón de los negocios, un hombre e sangre fría, un hombre que se presentaba a sí mismo como un benefactor de los campesinos cuando en realidad era un hombre que los explotaba para sus propios beneficios.

Y esa parte, oscura, dura, cruel, no nos es mostrada en este libro por la Ayda Levy, quien sin embargo, a través de una prosa desprolija nos permite acceder a la intimidad de su relación con este hombre multifacético que forma parte de la historia secreta del narco latinoamericano, que poco a poco se ha ido desvelando en los últimos años.

 

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