‘La humanidad aumentada’ de Eric Sadin

La Humanidad aumentada

Eric Sadin

Editorial Caja Negra

Cada vez más nuestra vida está completamente conectada y decidida gracias a los algoritmos de las máquinas inteligentes con las cuáles compartimos nuestras vidas. Hay algo más allá de nuestra decisión que está controlando y tomando decisiones por nosotros. Esas máquinas, que nosotros construimos a partir de un afán de hacernos la vida más sencilla se están transformando en los dueños de nuestra vida. Y no, no es la ciencia ficción, no es la computadora Hal-9000 que protagoniza la rebelión en la nave Discovery One de la película Odisea 2001 de Stanley Kubrick, la que está detrás de este nuevo entramado de chips y microprocesadores cada vez más rápidos y cada vez con mayor autonomía, la que está tomando el control de nuestras decisiones. No, son nuestros teléfonos celulares inteligentes, son nuestras redes sociales, el Internet, la Inteligencia Artificial (AI), las aplicaciones. Es nuestro entorno digital el que está tomando control, a partir de todos los megadatos que nosotros mismos entregamos, es el entorno en el que vivimos el que nos está diciendo en donde deberíamos cenar mañana con nuestros amigos que hemos conocido gracias a las sugerencias de Facebook, o adonde deberíamos vacacionar con nuestro ligue conocido a través de Tinder, o qué ruta deberíamos tomar para llegar a nuestro destino gracias a los viajes anteriores de Google Maps o a las rutas tomadas en nuestros últimos desplazamientos registrados en Waze. Somos los datos que le otorgamos a ese complejo entramado de maquinarias, de impulsos electrónicos, que simplemente no conocemos.

Eso que el filósofo francés Eric Sadin ha bautizado como “humanidad paralela” para explicarnos el peligro que se hemos generado a partir del crecimiento y desarrollo de la “tecnociencia”. Conceptos que son puestos en circulación en su más reciente libro titulado La Humanidad Aumentada. La administración digital del mundo, publicada por la editorial Caja Negra. El filósofo francés, es autor de los libros Vigilancia global, La Sociedad de la Anticipación, La vía algorítmica y La siliconización del mundo; El irresistible ascenso del liberalismo digital.

A partir de estas investigaciones se ha convertido en uno de los escritores y pensadores más interesante de Francia, país en el que nació en 1973, por su apuesta por investigar y hablar de la que él denomina la “subjetividad digital”, en los que intenta trazar un diagnóstico de la sociedad contemporánea y de sus prácticas en función del impacto que los artefactos tecnológicos producen en la humanidad.

Para Sadin el desarrollo que ha tenido la llamada Inteligencia Artificial en las últimas décadas tenía como propósito el análisis de una gran cantidad de información en el menor tiempo posible. Ese análisis buscaba, por supuesto, ayudar a mejorar ciertas condiciones de la vida de los seres humanos. Tomas mejores decisiones a partir de analizar la mayor cantidad de información. Las máquinas que se fueron creando ex profeso con este objetivo han ido transformando sus procesos de trabajo y de análisis de la información, ya que en un principio las computadoras solo hacían ciertos tipos de labores para las que habían sido programadas. En estos momentos las computadoras pueden analizar la información que se les presenta en tiempo real y “tomar” decisiones que alteran el resultado final. Esto gracias a los avances en la capacidad de análisis de datos. A finales de la década de los noventa del siglo pasado vivimos lo que se conoce como la era de acceso, cuando millones de personas en el mundo tuvimos la oportunidad de acceder a una mayor cantidad de datos y de información. Pudimos acceder gracias a la combinación de la Internet con aparatos cada vez más pequeños pero con una gran capacidad de memoria, a una enorme cantidad de información en forma de música, textos, imágenes.

Pensemos en lo revolucionario que fueron aparatos como el Ipod, en plena década de los noventa, que vino a desbancar a las colecciones de discos en vinyl o de CD´s. Pensemos en el cambio que ofreció a nuestras vidas la creación y el desarrollo de las laptops, que hicieron más fácil el trabajo de millones personas. Computadores más rápidos, más potentes, con mayor capacidad de almacenamiento que además son portátiles y las puedes llevar a cualquier lado y que en cualquier lado se conectan y puedes bajar y subir tus archivos a la nube.

Estamos conectados todo el tiempo, nos dice Sadin y eso nos ha llevado a otra era, que es la de la digitalización de la vida. Ya no se trata de digitalizar nuestra música o nuestros textos, se trata de digitalizar nuestra vida. Nosotros somos el producto: nuestras vacaciones, nuestros desayunos, nuestros pensamientos, nuestros sueños, nuestras frustraciones, nuestras posiciones políticas, nuestros miedos. Nosotros somos el mensaje. Y todo eso se filtra a través de plataformas, de aplicaciones, de redes sociales. Todo eso se convierte en datos que serán transformados en ganancias. Por alguien más. No por nosotros. Tecnoliberalismo lo llama Sadin. Un liberalismo igual de salvaje pero que se presenta con la cara amable de la tecnología. Una tecnología que se nos presenta indispensable para vivir, para estar, para viajar, para movilizarnos por la ciudad, por el mundo. Porque nos ayuda, porque nos soluciona nuestros problemas. Una tecnología de la que estamos terminando por depender. Y es ahí en donde está el poder de las máquinas. En la creación de esa dependencia. En la capacidad que han creado (no ellas, sus creadores, las grandes compañías que las ponen a nuestra disposición) para que les demos toda nuestra información. Sin dudarlo y casi con alegría. “Nos ayudan” es la frase que envuelve toda la mentira de la tecnología moderna.

Nos dice Sadin que “vamos hacia un testimonio integral de la vida”, con sensores en todas las superficies sensibles, con cámaras en todos los rincones de nuestra vida, pero ese testimonio es de hecho es una explotación con dos finalidades, el primero de ellos es instaurar este nuevo orden capitalista, el tecnoliberalismo, que ya hemos mencionado, y cuyo propósito es no dejar ningún espacio vacío de control y centro de acopio de nuestra información. Es decir, hasta nuestros sueños, nuestra actividad cerebral podrá ser controlada, monitoreada, en algún momento de nuestra vida. Para Sadin lo que se nos viene es la mercantilización de cualquier momento de nuestra vida. Tu báscula, por ejemplo, está conectada al Internet. Sadin comenta que después vas a recibir ofertas de suplementos alimenticios, de restaurantes de comida sana. ¿Has puesto en tu correo electrónico que tu jefe tiene un viaje programado a Argentina y dos días después en tu perfil de Facebook aparecen ofertas para viajar a Buenos Aires? Nada es gratuito en la era de la hiperconección y nosotros no solo somos los compradores y consumidores de estas ofertas y productos. Nosotros las generamos. Ellos saben todo de ti y te están observando. ¿Se te antojo un helado, un disco, un concierto? Ellos hacen cuentas, números, a través de algoritmos cada vez más complejos y te van a “recomendar” los mejores, según tus gustos para ir por un helado o escuchar una banda de rock o comprar un disco o irte de vacaciones. Todo es un dato, todo les sirve. Nosotros no solo seremos compradores o consumidores sino que seremos los “programadores” de nuestro consumo. Claro, siempre mediatizado, siempre controlado.

Estamos ante una fase completamente nueva del capitalismo: el control de nuestras vidas a través de nuestros aparatos, nuestros consumos, a través de todos los datos que generamos a lo largo de todos y cada uno de los días de nuestra vida. Simplemente escalofriante. Pero bienvenido, este es el mundo que hemos construido a través de nuestros teléfonos, nuestras computadoras. Y estamos solo en el principio.

Categorías

Libros