‘Las Esposas del Cártel’ de Mia y Olivia Flores


Las Esposas del Cártel.

Mia y Olivia Flores.

Editorial Debate

Poca gente fuera del mundo del narcotráfico conoce los nombres de Pedro y Margarito Flores, los ‘Gemelos Flores’. Sin embargo, para las autoridades judiciales norteamericanas y para la DEA estos dos jóvenes nacidos en Chicago, de padres mexicanos, son los responsables de que el famoso narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, ‘El Chapo’ esté siendo juzgado ahora mismo en la ciudad de Nueva York. Gracias a estos dos jóvenes distribuidores de droga norteamericanos, que trabajaron tanto para ‘El Chapo‘ como para la familia Zambada y para la organización de la familia Beltrán Leyva, es que la justicia norteamericana tiene pruebas en contra de los grandes capos mexicanos y de sus estructuras. Algo que la justicia mexicana nunca alcanzará.

Los gemelos Flores nacieron en la ciudad de Chicago, en el barrio conocido Little Village, la zona mexicana de la ciudad. Una zona conocida por sus pandillas, por el tráfico de drogas, por la violencia y por la fiesta del 5 de mayo. Hijos de Margarito Flores, un inmigrante mexicano, que durante algunos años trabajo como coyote y que después incursionó al negocio del narcotráfico, llevando automóviles con clavo incluido, en donde guardaba algunos tabiques de marihuana o de cocaína, que los pequeños gemelos, de entonces 4 años, ayudaban a sacar cuando llegaban a las casas de seguridad de Estados Unidos. Sion embargo el padre cayó preso y cuando recobró la libertad y se regresó a México, a su natal Jalisco, para de ahí mandar pequeñas cantidades de droga a los Estados Unidos que recibía su hijo mayor, Adrián, quien fue quien metió de lleno a los gemelos a las grandes ligas de la distribución de drogas.

Con veinte años los gemelos ya recibían un kilo de cocaína cada semana, que distribuían con sus contactos, entre los que se contaban los amigos pandilleros de su hermano Adrián y otros contactos en la ciudad de Chicago. Sin embargo, pronto ampliaron sus contactos y su red de distribución creció, hasta convertirlos en una de las empresas mayoristas de drogas más importantes de la ciudad. Margarito Junior (Junior para todo el mundo), era bueno en las relaciones sociales. Los contactos eran suyos. Mientras que Pedro (o Peter) era bueno para las matemáticas, los números, las cuentas, y la logística. Todo el trabajo de embarque era suyo. Y crecieron como la espuma. Tenían varias casas de seguridad distribuidas en los mejores barrios de la ciudad, en donde escondían de 3 a 5 millones de dólares, o de veinte a treinta kilos de drogas. Todo compartimentado. Todo separado. Sus trabajadores no se conocían entre sí y se dedicaban a una labor en específica: contar dinero, empaquetarlo, hacer envíos, choferes, empaquetar droga, mandarla, etc. Toda una empresa.

Sin embargo, en 2002 una investigación federal llegó hasta las puertas de sus casas. Y los gemelos tuvieron que huir. Junior se estableció en Jalisco, cerca de la casa paterna. Y Peter lo siguió poco después. Los dos se establecieron con sus respectivas esposas. Pero antes de huir dejaron lista toda la infraestructura para mandar y distribuir droga desde México. Al final de cuentas, estaban en el mejor lugar del mundo para hacerlo. Además, en Guadalajara trabaron amistad con Alfredo Vázquez Hernández, amigo y compadre del ‘Chapo’ Guzmán. (Se dice que Alfredo Guzmán, el hijo menos del capo recibió el nombre por este compadre). Los gemelos se asociaron con este hombre fuerte del Cártel de Sinaloa y reiniciaron sus actividades de distribución en Chicago, ampliando su red hacia la costa oeste de Estados Unidos, llegando a distribuir drogas en Filadelfia, Baltimore, Nueva York, Búfalo, entre otras ciudades, haciendo una labor tan importante que los jefes del Cártel los llamaron a Culiacán para reunirse con ellos.

En Culiacán los gemelos se entrevistaron primero con el mítico ‘Mayo’ Zambada y su hijo mayor, el ‘Vicentillo’. El trato era muy favorable pues los gemelos recibirían la droga en su casa, en Chicago, la distribuían entre sus contactos y después regresaban el dinero a México. Negocio redondo. Tanto que los socios de la familia Zambada también quisieron contar con los servicios de los gemelos Flores. Fue así qué días después Junior y Peter viajaron en una avioneta a la sierra de Sinaloa, en donde se entrevistaron con el ‘Chapo’ quien les dijo que iban a tener el mismo trato que habían hecho con los Zambada. Y la familia Beltrán Leyva, socios en ese momento del Cartel de Sinaloa recibieron el mismo trato.

Los gemelos Flores saltaron así a las grandes ligas del narcotráfico mundial con apenas 23 años. La droga salía del sur, de Colombia, Ecuador, Perú en aviones, barcos, submarinos, y llegaba a la costa pacífica mexicana, de donde salía a Sonora, Baja California o Chihuahua, cuidada por la gente del Cártel. Una vez que cruzaba la frontera, para después ser trasladada a Chicago era responsabilidad de los gemelos, quienes lograron gestionar toda una red de distribución en tráileres, dobles fondos de automóviles o tren, que cruzaban el país hasta llegar al medio oeste, hasta la ciudad de Chicago. Una maquinaria que trabajaba a la perfección, dejando grandes ganancias a todos los socios.

Sin embargo, la llegada a la Presidencia de México de Felipe Calderón vendría a alterar el ecosistema. La guerra contra el narco decretada por el débil presidente generó una batalla en donde los frentes. El Cártel de Sinaloa decidió enviar hombres a Ciudad Juárez para apoderarse de esa estratégica plaza. Pocos años después el Cártel de Sinaloa también sufriría una escisión que llenaría las calles de aquel estado de sangre, cuando Alfredo Beltrán Leyva fue arrestado por el ejército en Culiacán y sus hermanos culparon al ‘Chapo’ de entregarlo a las autoridades.

Fue entonces cuando los gemelos Flores recibieron un par de advertencias: ‘O trabajas conmigo o con nadie’ les dijeron los Beltrán Leyva y el ‘Chapo’. Cada uno por su cuenta. Y los gemelos decidieron trabajar con la DEA y empezaron a grabar todas sus conversaciones y a entregar a todos sus socios en Estados Unidos. En dos años los gemelos sufrieron fuertes perdidas económicas, porque tanto sus bodegas como sus transportes empezaron a hacer desmantelados y arrestados por las autoridades federales norteamericanas.

Esto provocó que sus socios de los cárteles mexicanos empezarán a desconfiar de los gemelos Flores, por lo que la DEA decidió sacarlos de México, ante la amenaza que sufría su vida y la de sus familias. En 2014 los gemelos testificaron en una corte federal norteamericana y presentaron sus grabaciones. Estas pruebas son las que llevaron a las autoridades de Chicago a denominar al ‘Chapo’ como enemigo público de la ciudad. Algo que no habían hecho desde los tiempos de Al Capone. Son estas grabaciones, en donde se oyen a los gemelos coordinando el envío y pago de enormes cantidades de droga con los jefes del Cártel de Sinaloa y de los Beltrán Leyva, lo que tiene tras las rejas a Vicente Zambada, el ‘Vicentillo’ y a su hermano Ismael Zambada. Son estas pruebas las que las autoridades federales están mostrando al jurado del juicio en contra de Joaquín Guzmán Loera, el famoso ‘Chapo’ en la corte federal de la ciudad de Nueva York, que se realizará en los próximos meses.

Sin embargo, los gemelos Flores siguen escondidos en medio del laberinto judicial federal. Son testigos protegidos en contra de los narcotraficantes mexicanos, en lo que tal vez sea el juicio más grande en contra de una organización criminal de la historia, entregaron todas sus propiedades y cuentas de banco, pero tal vez eso no sea suficiente para que sean liberados próximamente. Es por esta razón que su historia es contada por sus esposas: Olivia y Mia Flores, quienes como ellos nacieron en los barrios latinos de Chicago y conocieron a los gemelos desde que eran muy jóvenes los cuatro. Esa cercanía que da ser por supuesto la esposa de un capo, pero además compartir orígenes y sueños, son las que le dan voz a este libro, en donde nos acercamos a la vida privada de estos hombres que conocieron todas las mieles del éxito que el negocio de las drogas puede dar. Pero también conocieron de cerca la violencia y las traiciones que éste negocio trae consigo.

El testimonio de Mia y de Olivia Flores nos deja claro que el narcotráfico es un negocio que no se va a acabar próximamente. Siempre habrá gente dispuesta a hacer lo que sea por volverse rica en el menor tiempo posible. Pero también nos deja ver que no todo lo que brilla es oro y que este negocio solo deja tras de sí un reguero de muertos, de tragedias, de familias destruidas, tanto del lado de los consumidores como de las personas que se dedican al negocio.

Es así como el libro de Las esposas del Cártel nos da cuenta desde el interior de las formas en las que se organiza el negocio, pero también de las consecuencias que se puede llegar a tener por dedicarse a esta actividad ilegal.