‘Latinos del Sur’ de Víctor H. Ortega

Latinos del Sur.

Víctor H. Ortega.

En América Latina existen tradiciones poéticas vibrantes, poderosas: Perú y Chile son países que nos pueden dar cuenta de esta larga tradición con nombres tan famosos como el de los peruanos Cesar Vallejos, Cesar Moro, por ejemplo, o Neruda, Huidobro, Parra, Gonzalo Rojas, entre los chilenos. Sin embargo, en los últimos años hemos sido testigos de cómo la narrativa chilena también se posicionaba dentro del mercado hispanoamericano. Nombres como los de Alejandro Zambra o Alberto Fuguet, por mencionar solo un par, son conocidos por los lectores de todo el continente. A esta nueva hornada de jóvenes escritores chilenos, podemos sumar ahora el nombre de Víctor H. Ortega, que con títulos como el ‘Elogio del Maracanazo‘ publicado en su natal de manera independiente y que el año pasado fue publicado en México por la Editorial Librosampleados, nos viene a demostrar la salud y la vitalidad de la narrativa creada en el país del cono sur.

Pero ahora Ortega nos sorprende con un viraje repentino, atípico para un narrador cuya carrera va creciendo, pues de manera independiente y con un tiraje corto, publicó un libro de poesía titulado Latinos del sur, que se puede conseguir de manera totalmente gratuita en el siguiente link:

Latinos del sur// Víctor Hugo Ortega C. // 2017

Un libro corto, que en su versión impresa utilizó una impresión artesanal, desplegable, con un tiraje de solo cincuenta ejemplares. Sin embargo, en la versión de descarga gratuita podemos leer una poesía intensa, con algunos toques narrativos, con un humor desparpajado, que juega con el lenguaje coloquial para descolocar y sorprender al posible lector.

Un libro de poesía que despliega frente al lector los temas, las obsesiones del escritor chileno nacido en 1982, tales como la cotidianidad de la vida en las calles de los suburbios de las grandes ciudades, los viajes largos en los camiones urbanos, por donde podemos observar la vida que transcurre allá afuera, sin detenerse, sin regalarnos una mirada de soslayo, la soledad de las grandes urbes. Una soledad que tiene un origen remoto, antiguo, pero que se encuentra siempre latiendo, heridas abiertas que siguen palpitando: la ausencia de los seres queridos, el abandono., la duda de quienes somos.

Esa duda es un tema eternamente latinoamericano, ‘Latino’. ¿Qué es un latino del sur? Es una pregunta que podemos hacernos, Una pregunta que late en las entrañas de este pequeño libro de poesía. Pero en el fondo, esa es una de las preguntas que late en la historia de toda América Latina: ¿Qué somos los latinoamericanos? Somos preguntas, somos dudas, somos ritmo, somos picardía, somos soledad, somos juego, somos una alegría que esconde una profunda soledad, una tristeza arraigada. Somos desarraigo, somos migración, somos viaje, somos duda. Latinos del sur versus latinos del norte. Porque en el libro de Ortega también se pone este juego de visiones, ya que no somos los mismos, aunque habitemos el mismo continente, la misma región geográfica, hablamos el mismo idioma, pero siempre con matices, siempre con acentos distintos, siempre con regionalismos, que el autor también retoma para jugar, para hacer malabares con las palabras, juegos de palabras que retoman palabras del sur del continente y contrastarlas con el español popular del norte. Somos distintos, pero somos parecidos y nuestras palabras nos definen. Nos muestran como somos.

Hay en los poemas de Ortega una fascinación por el lenguaje, por el peso específico de las palabras, por sus posibilidades, por sus similitudes, por sus diferencias. Pero el autor tiene una fascinación por los retruécanos móviles del habla popular, por la sonoridad de esas palabras que han sido largamente desdeñadas por la intelectualidad de todo el continente. Para Ortega esas palabras sonoras, fuertes, son palabras que definen, marcan un territorio, son palabras fronterizas, palabras que definen quien es de cada lugar, son palabras que marcan, que nos construyen como habitantes, como hablantes de un territorio determinado. Son palabras que hablan, que resuenan, que definen.

En el poema ‘Sueño de mapas‘ podemos ver además de esta preocupación por la palabra, la obsesión (la necesidad, podríamos decir) por hablar del territorio:

 

Entre Santiago y Valparaíso,

Montevideo y Ciudad de México,

entre las 10 y las 12,

gurisas y chavas;

el mapa de un japonés se abre hasta al baño;

no pueden subir los vendedores,

el cobrador no puede cobrar

y en el peaje una latina del sur da el pase libre.

 

Entre Santiago y Valparaíso,

Tijuana y Guanajuato,

el japonés cierra el mapa,

los letreros anuncian

Este Montevideo a 50 kilómetros.

 

Somos, los ‘Latinos del sur‘ habitantes de un territorio que seguimos descubriendo. Un territorio que nos sigue sorprendiendo, avasallando por sus grandes distancias, por sus enormes territorios, por su soledad. Esa soledad que un japonés puede ir descubriendo en un mapa que confunde, que se desplaza junto al observador, que se va conformando, construyendo a partir de los encuentros, de los recorridos que el observador. Un mapa en construcción. Esa sería la definición del libro de Víctor H. Ortega, Latinos del sur, un libro que reconstruye una geografía, un libro que recorre una geografía con los ojos, pero, sobre todo, con los oídos atentos, para escuchar, para perderse en la sonoridad de las palabras, de los versos, un libro que recrea las fronteras, que las recorre, un libro que se pierde en ellas, que las reconfigura, las cuestiona.