‘Lluvia de Verano’ de Ahmet Hamdi Tapinar

 

Basta decir que para el premio Nobel de Literatura, Orhan Pamuk, considera al escritor Ahmet Hamdi Tapinar (1901-1962) como su gran maestro, como el escritor que introdujo en Turquía el género literario de la novela, y que además, lo llevo hasta alturas y  territorios insospechados.
Tapinar fue un autor que nació en la antigua capital del Imperio Otomano, Constantinopla, que fallecería en la capital de la actual república de Turquía, Estambul. La misma ciudad, la ciudad del pasado milenario, la capital del Imperio Bizantino, la capital del Imperio Otomano, que sin embargo, no es la misma ciudad, no es el mismo país. Porque después de su nacimiento el antiguo y poderoso Imperio ha caído, ha desaparecido de la faz de la tierra para convertirse en un pasado, que está ahí, siempre cercano.

Tapinar nace y crece en ese Imperio que desaparece, y su obra parece estar siempre mirando al pasado. Hay una añoranza hacia ese mundo, con  sus costumbres, con sus ideas, con su mirada del mundo, que ha desaparecido. Hay una añoranza hacia la literatura, hacia la música, hacia las costumbres familiares, que ya no existen, que tiñen la obra de este escritor turco, que parece venido de otro siglo, de otro momento histórico. Hay una añoranza que cubre toda la obra del escritor turco, hay una nostalgia que cae lentamente, como una luz dorada, que alimenta, que cubre, las palabras de este escritor turco que la editorial mexicana Sexto Piso ha ido publicando en los últimos años, lo cual se ha convertido en uno de los descubrimientos literarios que debemos celebrar como lectores.

Paz fue la primera novela que de Tapinar se publicó en español en México. Una obra cumbre, una novela total sobre cómo se vivió en la capital de Turquía la entrada del país a la Segunda Guerra Mundial, y la crisis social, económica, que esa decisión provocó.
En esa obra maestra, Tapinar también retoma el tema de la transformación social de  Turquia, provocada por la derrota militar que el país sufrió al apoyar a Alemania y Austria-Hungría en contra de los países aliados. Esa derrota tuvo como consecuencia la caída del Imperio, y por lo tanto una profunda división u cambio social, cuyas consecuencias es aún posible sentir cuando la Segunda Guerra Mundial da inició. Algo que Tapinar nos cuenta es esa novela, una obra que intenta tener una visión global sobre la sociedad turca, centrada en la gran ciudad de Estambul. Una obra total, siguiendo la oda a las grandes ciudades que se escribieron a principios del siglo XX.

Sin embargo, en la novela que nos ocupa, Lluvia de Verano, también publicada por Sexto Piso, nos enfrentamos a una novela de tono más personal e íntimo. En esta corta novela, publicada originalmente en 1955, el protagonista, Sabri se encuentra casualmente con una extraña mujer en el jardín de su casa, mientras cae una lluvia de verano. Un aguacero torrencial que obliga a las personas a esconderse, a buscar no mojarse. Sin embargo, para Sabri la lluvia representa solo un momento en su viaje de regreso a la casa, después de haber despedido a su esposa e hijos, quienes se han ido de vacaciones al pueblo de sus suegros.

Sabri se encuentra en un momento extraño der su vida, pues la melancolía parece dominar todos sus pasos. Sabri representa a ese espíritu nostálgico por el pasado de su país, y de hecho, está trabajando desde hace años en un libro sobre la historia de la música tradicional del país. Sin embargo, el protagonista también representa al espíritu del siglo XX: algo se le ha perdido y nada parece poder llevar su vida. Ni su matrimonio, ni sus hijos, ni su obra, a la que pretende entregarse durante esa tarde cuando la lluvia lo sorprende a escasos metros de su casa.

Sin embargo, la vida todavía nos puede regalar gratas sorpresas, que cambiarán nuestra forma de ver la vida. Para Sabri esta sorpresa llegará en forma de una extraña mujer que se moja en el patio de su casa. Una mujer que parece perdida, y a la que Sabri dejará entrar a su casa, sin conocerla, sin preguntarle su nombre siquiera. Pero ella se muestra como una mujer caprichosa, multifacética, totalmente desconocida para él, pero que sin embargo, lo fascina. Pero él ya está muy alejado de la fascinación erótica, no le interesa tener relaciones con esa mujer. Es un hombre de su tiempo y de su cultura. Respetuoso de las tradiciones. Pero al mismo tiempo es un hombre que requiere certezas. Algo que se le ha escapado de su vida. Y por esta razón, decide proseguir en la labor de entender a esa mujer y de saber quién es esa mujer.

Ella, de la que nunca sabremos su nombre, pero a la que escucharemos hablar y contar su historia, mientras se viste con un vestido de la mujer de Sabri. Una mujer fascinante, que simboliza las transformaciones culturales que aquejan a la sociedad turca de mediados del siglo XX, transformaciones que le dieron mayor libertad a las mujeres, más allá de las estrictas normas de conducta del Imperio Otomano, en donde el Islam prevalecía. Sin embargo, esta mujer, como Sabri aún no se ha acostumbrado del todo a estos cambios, y aún no encuentra su voz.
Sin embargo, este encuentro entre dos seres, entre dos personas solitarias, nos dejará con la sensación, con la idea, de que hay que aferrarnos a lo que tenemos, a lo que hemos construido. El tiempo es un instante y no hay salvación, de que cada uno de nosotros debe aprender a vivir con sus demonios, con sus fantasmas. Debemos domarlos para seguir vivo.

Lluvia de verano nos habla de un instante, de un momento en el que dos almas solitarias se encuentran, para darse cuenta que su vida tiene que seguir, que cada uno tiene que seguir por su cuenta. Que este encuentro, fortuito, profundo, marcará un antes y un después. Los transformará. Pero no se pueden quedar juntos, cada uno tiene que seguir su vida, sus derroteros. Que la soledad puede ser afrontada de otra manera, pero que sin duda, esa es su soledad, de nadie más.

La lluvia terminará tal como llego, sin avisar. Y los dos personajes se encontrarán juntos, solos, pero distintos.
Lluvia de verano es un pequeño libro que nos habla de la soledad, de la necesidad de entender el tiempo en el que vivimos, de la necesidad de entendernos y de reconstruirnos. Pero la prosa media, pulcra, de Tapinar hacen de estas reflexiones una pequeña obra de arte, que ningún lector debería perderse.

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