‘Órdenes sagradas’ de Benjamin Black

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Órdenes sagradas

Benjamin Black

Editorial Alfaguara

 

De Benjamin Black ya hemos platicado en ocasiones anteriores, pues este escritor de novela negra es en realidad un pseudónimo que utiliza el escritor irlandés John Banville, autor de obras tan importantes como “El Mar”, “Los infinitos” o “La Guitarra Azul”, entra varias más, que lo han hecho acreedor a premios tan importantes como El Booker, que premia a la mejor novela en lengua inglesa publicada en un año, por su novela “El Mar” en el año 2005.

Sin embargo, este exquisito escritor, dueño de obra en donde el lenguaje y el ritmo con el que se desenvuelve son elementos esenciales de la obra de este escritor que se ha convertido en uno de los candidatos permanentes al Premio Nobel de Literatura y que empezó a escribir desde muy joven, creando como hemos dicho, una de las obras más sólidas y consolidadas de la literatura en lengua inglesa. Sin embargo desde el 2006 el escritor inglés decidió crear un pseudónimo para escribir obras de novela negra que tienen en el médico forense Quirke como protagonista de las siete novelas que integran esta saga ubicada en el Dublín de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, el Dublín de la infancia de Banville, que el autor explora con su clásica meticulosidad y con el poder una prosa que rompe con la idea de que la novela de detectives tienen que ser escritas con estilos desaliñados.

En la obra de Banville-Black nos enfrentamos a una obra escrita con un nivel de precisión, con un nivel de detalle que deslumbra. Nos enfrentamos con una obra, en fin, donde el lenguaje y su ritmo siguen siendo tan importantes como en la obra del original Banville, sin embargo, la historias que se nos cuentan, nos demuestran que lo que le interesa al autor nacido en Dublín en 1945, es llevarnos al interior de una madeja de crímenes e intrigas que nos mantendrán agarrados al asiento, mientras el Doctor Quierke van desentrañando estos crímenes, que casi siempre tienen origen en una de las fuerzas más poderosas y oscuras de la Irlanda de mediados del siglo XX: la Iglesia católica.

Porque cuando el Doctor Quirke se enfrenta al asesinato del periodista Jimmy Minor, amigo de su hija Phoebe, tendrá que volver a verse las caras con uno de los poderes que mueve los hilos de todo en la Irlanda del siglo XX, un poder más terreno que espiritual y que está siempre listo para golpear desde las sombras, un poder omnímodo, sordo, al que no le gusta ser criticado ni observado, algo que el joven Minor ha logrado hacer, y por lo que pagará un precio muy caro.

En esta nueva entrega de la saga del Doctor Quirke entraremos en un mundo donde la intimidad tendrá un peso más importante, tanto de la vida privada del Doctor, como de su hija Phoebe, quien jugará un papel más importante, a quien conoceremos más a profundidad. Como amiga de Jimmy Minor, Phoebe juega un rol esencial, pues tendrá acceso al pasado de su amigo y conocerá a su hermana menor, una chica más liberal que ella, que ha viajado a Dublín para tratar de encontrar la libertad que su hermano John ha encontrado en la gran capital, haciendo lo que más desea en la vida, que es entregarse al periodismo, y que para hacerlo no dudaba un segundo en sumergirse hasta el fondo en sus historias, aunque estás tuvieran que ver con los llamados “tinkers” o chatarreros, familias semi-nómadas, que viven en un mundo marginal, en donde los robos, la violencia, una sexualidad más abierta y prosaica, que escandaliza a las buenas conciencias de la época. Sin embargo la situación de pobreza y de marginación en la que viven los chatarreros sirve de fachada para que algunos miembros de la Iglesia pueden acometer ciertos abusos en contra de sus hijos e hijas de estos habitantes de los campos, sin temor a ser juzgados y castigados.

Y eso era lo que el joven periodista Minor estaba investigando cuando el largo brazo ejecutor de esta institución acostumbrada a ejercer el poder desde las sombras lo alcanza, desatando conflictos, que serán más internos que externos, en el Doctor Quirke y en su hija.

Porque hay que decirlo, en esta ocasión el libro de Black más que desatar nudos de intriga policial desata nudos personales al interior del forense y de su hija, que se enfrentan a sus miedos más personales, más profundos. Quirke tendrá que viajar a un hospicio para sacerdotes en retiro, que en realidad han sido castigados por la jerarquía, porque sus crímenes o “caídas” han sido demasiado recurrentes y han llamado demasiado la atención de la comunidad, en busca de una pista que lo lleve a desentrañar el asesinato de Minor. Pero este viaje lo volverá a enfrentar con los fantasmas y las heridas no cerradas aún que dejó su estancia cuando era pequeño en el Hospicio de Carricklea, un lugar tan parecido al infierno, que su recuerdo aún enferma, lastima, pone realmente mal a un hombre acostumbrado a hurgar en los cadáveres para conocer la verdad sobre la muerte.

Mientras que esto le ocurre al Dr. Quirke su hija tendrá que enfrentarse a un descubrimiento que la hace dudar de sí misma, dudar del mundo que se ha construido a lo largo de los años. U n descubrimiento que tendrá que ver con la belleza de la hermana de Jimmy Minor, con su belleza pero también con su fuerza de voluntad y su capacidad de sobrevivir y mantenerse fiel a sí mismo en un mundo cruel que castiga duramente las desviaciones o las búsquedas personales que se salga del redil.

Una vez más podemos ver en la obra de Black está crítica acerada al poder de la Iglesia católica y a esa hipocresía sagrada que es capaz de castigar y señalar con dedo flamígero a todos aquellos que buscan ser libres de la ataduras que la moral cristiana ha construido a lo largo de los años, mientras que al mismo defiende con todo su poder e influencia a violadores de niños, a hombres que aprovechándose de su poder logran evitar ser enjuiciados a pesar de que lastimaron a personas que no tenían aún la capacidad de defenderse o discernir siquiera qué era lo que estaba pasando.

Porque la obra de Benjamin Black es un dedo sobre estas atrocidades, sobre estas injusticias, cometidas durante años en hospicios, hospitales, orfanatos, escuelas, en los que cientos de niños fueron víctimas de violaciones por parte de las autoridades de la Iglesia, que decidieron callar ante estos hechos, ocultarlos, callarlos, a pesar de que varios de sus miembros “pecaban” sistemáticamente contra poblaciones menos favorecidas.

La obra de Black, tan hermosamente cuidada, resulta un grito de dolor ante estos hechos, una llamada de atención, un grito que exige justicia, porque estos hechos siguen sucediendo, porque la Iglesia, a pesar de los escándalos y de los pagos millonarios que ha tenido que hacerle a las víctimas, continúa con una política de silencio y de complicidad con los responsables de estos hechos. Por esta razón la obra de benjamín Black cobra una notable actualidad, a pesar de encontrase situada en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado: Porque estos crímenes siguen sucediendo, porque la institución responsable sigue callando y encubriendo estos hechos, porque las sociedades aún no somos capaces de hacerlos pagar las consecuencias por estos actos y porque los que se enfrentan a la iglesia para pedirles resultados siguen siendo señalados con dedos flamígeros por sus “desviaciones” y “pecados”.

Ordenes sagradas es una obra poderosa por su actualidad y facturada de manera hermosa, cuidadosa, lo cual nos deja ver la enorme capacidad literaria de ese autor que se encuentra detrás de ella, John Banville, uno de los escritores contemporáneos más importantes de los últimos años.

 

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