‘Porcelain’ de Moby

Porcelain

Moby

Editorial Sexto Piso

Todo inició en una antigua fábrica abandonada en un barrio abandonado de un pueblo de Nueva Inglaterra lleno de adictos al crack a finales de la década de los años noventa. Ahí en esa fábrica reconvertida en lofts para artistas pobres es que Richard Melville Hall, mejor conocido como Moby (Por la novela más famosa de su tío abuelo Hermann Melville, Moby Dick), empezó su carrera como solista, después de haber sido miembro de varias bandas de punk de la zona de los estados de Nueva York, Connecticut y Nueva Inglaterra.

Esa fábrica semi-abandonada era un lugar que Moby amaba a pesar de que no tenía baño ni regadera, por lo cual el músico a veces olía muy mal. Pero lo importante para él era que ese lugar le dio la posibilidad de experimentar con la música techno que le interesaba producir, más allá de los ritmos punks con los que había crecido antes de irse a la universidad y darse cuenta de que lo que a él realmente le interesaba era hacer música.

Por lo menos así nos lo cuenta el mismo Moby en Porcelain. Mis memorias, libro autobiográfico recientemente publicado por la Editorial Sexto Piso. Un libro ágil y bien contado en donde el músico en capítulos cortos nos va contando su periplo musical y personal por la década de los noventas, los años del Rave, de la fiesta electrónica, del LSD, el éxtasis, cambiaron la fisonomía de la noche Neoyorkina que durante la década de los ochenta estuvo dominada por la cocaína y el crack.

Ese es tal vez uno de los elementos más interesantes de la autobiografía de Moby: la observación que realiza sobre el submundo musical de la ciudad de Nueva York durante la última década del siglo XX. Los ochentas fue una década dominada por New Wave, el Synt Pop, por supuesto, con reminiscencias pop, por el hip hop por supuesto, pero en donde la música techno apenas estaba empezando a despuntar en medio de la noche y los clubs de la ciudad. Pero la explosión estaba por llegar.

Moby estuvo en el momento exacto en el tiempo correcto pues su música y sus sets de DJ empezaron a ser contratados por los mejores clubs y empezó a tocar en las mejores fiestas de la ciudad, pero no fue fácil. Aunque Moby es neoyorkino venía de los suburbios de la ciudad, había empezado a tocar en bares y clubs de ciudades pequeñas del estado, cuando decidió ir a probar suerte en la gran ciudad la suerte se tardó en sonreírle y tenía que tocar en todo tipo de fiestas y tugurios para pagar la renta de una covacha que compartía con varios amigos. Su vida se dividía entonces entre tocar en fiestas que se realizaban en bodegones vacíos, lofts, clubs en el centro de la ciudad y trabajar en su propia música en su estudio casero y barato.

Por ahí se atraviesan varios personajes esenciales de ese Nueva York salvaje de finales de los ochentas, como Michel Alig, famoso organizador de fiestas intensas, que con sus seguidores, los llamados ‘Club kids‘ revolucionarían la escena de las fiestas ochentera, del rave, y que como dice Moby, en esos primeros momentos eran todavía chicos inocentes, buena onda, que querían divertirse. Algo que terminaría cuando Alig fuera detenido por asesinar y descuartizar a su dealler.

Sin embargo varias de las fiestas que Michael Alig organizaría fueron memorables. Una de ellas, fue una fiesta completamente ilegal que se tomó todo un convoy del metro de la línea L durante una noche, en la que toda esa gente se citó a las 9 de la noche en una de las estaciones del metro para subirse y parrandear con música electrónica, drogas, cervezas durante varias estaciones. Ese debió ser el tren de la locura.

Esta es una de las partes más interesantes de la autobiografía de Moby, ya que nos permite ver la transformación de la escena musical de los noventas en Estados Unidos, y por ende en el mundo. Moby empezó a trabajar en el club Mars como Dj, un lugar que se encontraba en el distrito de los rastros de carne que alimentan a la ciudad. Una zona a la que no entraba ni la policía, por lo que el club podía estar abierto hasta las cinco de la mañana y la gente podrían drogarse en la calle. Fue ahí en donde un joven corredor se acercó a Moby para convencerlo de firmar con el sello musical Instinct Records, con el que terminaría grabando su primer disco, Moby en 1992.

Su primer éxito comercial fue la canción ‘Go‘, que llego a los primeros lugares de popularidad en Inglaterra, lo que le permitió iniciar una serie de giras y presentaciones en la isla y en algunos países de Europa, en donde conocería de primera mano la escena House y rave que se estaba desarrollando por aquellos lares, que contrastaba completamente con la escena norteamericana, en donde el esta escena musical estaba en plena conformación.

Otro de los elementos interesantes del libro es, que mientras alrededor del músico, en los clubs, en las fiestas, la gente empezaba a usar drogas como el éxtasis y el LSD, él era un vegano convencido que no tomaba gota de alcohol.

Sin embargo eso cambiaría tras el fracaso de su segundo disco, cuando ‘Everithing is wrong‘ que tuvo ventas muy menores y que aunque llevo al músico a tocar en diferentes partes del mundo, significo su salida de la disquera Mute Records por sus malas ventas. Aunque la crítica lo considero un buen disco, el cambio de estilo musical hacia el punk y el metal, no fue del agrado del público y Moby y se sumergió en un consumo desmedido de alcohol. Algo que él llamaba su etapa como un entusiasta del alcohol. Una etapa un cuanto oscura en el que la música no fluía y en el que las relaciones amorosas del músico no pasaban de acostones esporádicos con mujeres que conocía en las fiestas.

Una mala etapa, en la que también falleció la madre de Moby de cáncer, una mujer con quién el músico mantuvo una relación muy estrecha desde pequeño, al ser hijo único de una chica nacida en Connecticut, que fue hippie, vivió un tiempo en San Francisco, en medio de amigos que fumaban mota, bailaban toda la noche, mientras el aún muy pequeño Moby observaba toda asimilaba todos esos elementos de la contracultura norteamericana, que sin duda lo llevarían a convertirse en un punk cristiano vegano que decidió hacer música electrónica y que terminaría convertido en uno de los exponentes de música electrónica más importantes a finales de la década de los noventas del siglo pasado cuando su disco ‘Play‘ vio a la luz vendiendo 20 millones de copias en todo el mundo de ese disco que fue lanzado en 1999, año en el que Moby decide cerrar estas memorias, que abarcan diez años de su vida, pero que logran retratar la transformación de la escena de música electrónica en Nueva York, en donde los Dj´s pasaron de ser músicos aclamados por el underground para convertirse en los nuevos ídolos que movían masas enormes y que terminaron convirtiéndose en algunos casos en cabezas de cartel de festivales importantes.

Esta transformación de la escena musical vino aparejada con la transformación de la misma ciudad de Nueva York, que se convirtió en el ejemplo perfecto de la mano dura del ex alcalde Giuliani, que también permitió que la ciudad se convirtiera en el ejemplo perfecto de lo que ahora conocemos como la gentrificación, fenómeno que permitió que la antigua Nueva York salvaje se convirtiera en una ciudad tomada por los escaparates de las marcas de moda más importantes del mundo. Un cambio importante, en el que seguro se perdieron muchos elementos culturales, que como el mismo Michael Alig comentó al salir de la cárcel, le daban la impresión de que Nueva York había ganado en moda pero había perdido en esencia. Moby logra trasladarnos a esa época y rescatarla a través de este libro que más que de música nos habla de una época perdida. Y de ahí su valor.