‘Ropa, Música, chicos’ de Viv Albertine

Ropa, Música, chicos.

Viv Albertine.

Editorial Anagrama

Guitarras, música, ropa, cigarros, mucha música, conciertos, chicos. Y más música. Punk hecho por mujeres que se aferraron a tocar música, a aprender a tocar la guitarra, el bajo y la batería tan rápido como fuera posible. Punk hecho por chicas eso es lo que nos cuenta Viv Albertine en su libro autobiográfico Ropa, Músico, Chicos, editado en español por la Editorial Anagrama y que anda circulando ya nuestro país.

Viv Albertine fue guitarrista y fundadora de la banda The Slits, y una de las testigos principales del nacimiento y del desarrollo del movimiento Punk en el Londres de finales de los setenta. Tal vez pocas mujeres hayan tenido ese papel de testigo y miembro activa de la banda de desadaptados que desarrollarían el que tal vez sea el último movimiento musical y cultural realmente contestatario en la historia de Occidente. Un movimiento nihilista, intenso, crudo, que se desarrollo a partir del desengaño que la economía había generado en las clases desprotegidas de Inglaterra. En todo este desarrollo de una cultura urbana sucia, contestaria, rebelde, estuvo Viv Albertine como observadora y protagonista de este momento histórico.

Conocida por ser la guitarrista de la banda The Slits y novia del guitarrista Mick Jones de The Clash. Una relación que empezaría cuando los dos eran muy jóvenes y que los llevaría a compartir años intensos de peleas, de conciertos, tocadas por todo Londres, amigos y borracheras. Amiga cercana de Syd Vicious, con quien formaría su primera banda, Flowers of Romance, antes de que Syd se incorporará a los Sex Pistols y abandonara a Viv con otros músicos que ella apenas conocía, pero que sería el embrión de una banda conformada solo por mujeres, como fueron las de The Slits, un hecho extraño, aún para un movimiento tan antisocial como lo era el Punk.

Pero empecemos por el principio, o por lo que la autora definió como el Lado A del libro: su llegada a Londres proveniente de Australia con tan solo cuatro años de edad, la infancia en un barrio obrero de la capital, una familia disfuncional, con un padre violento y una madre que tenía que cargar con el peso de una familia.

La descripción que presenta Albertine sobre la vida de los jóvenes de los barrios obreros de Inglaterra de los años sesenta y setenta es particularmente interesante, pue nos presenta la pobreza, el abandono estatal, la falta de ofertas culturales con la que se enfrentaban estos jóvenes, que fueron descubriendo en la música la posibilidad de gritarle al mundo el odio y la rabia que anidaban en su pecho.

Pero la música era algo que les llegaba a todos ellos a cuentagotas: un poco a través de la televisión, otro poco a través de la radio y mucho a través de los amigos que podían comprar algún disco de vez en cuando. Discos que escuchaban una y otra vez, más por necesidad, que por gusto. Sin duda esta era una sociedad inglesa muy alejada del glamour y de la riqueza, con la que se ha terminado identificando a las estrellas del rock y del pop en las décadas siguientes.

Sin embargo, Albertine nos cuenta como desde pequeña la música, el arte y la moda le interesaron. Sin embargo, para ella, para una joven de clase obrera, cuyos padres tenían que trabajar duramente para satisfacer las necesidades básicas de dos hijas, no era nada fácil acceder a una educación especializada en estas actividades. Pero logró ser aceptada en una escuela de artes, en donde, sin embargo, se sentía menos inteligente y menos creativa que el resto de sus compañeros. Su autoestima estaba por los suelos, nos confiesa Albertine. Algo que resalta en el libro, es a honestidad con la que la autora nos presenta todas las dudas y los miedos personales y artísticos que la aquejaron durante su juventud y durante la primera parte de su carrera musical.

Pero en esa escuela Viv Albertine conocería a un chico atrevido, que estaba convencido de que se convertiría en una estrella de rock: Mick Jones, quien estaba tan preocupado por su apariencia personal como la misma Viv. Y congeniaron y empezaron a salir. Así ella empezaría a formar parte de un grupo de jóvenes altaneros, furiosos, que necesitaban expresar su malestar a través de la música. Una música nueva, que golpearía en el rostro a la conservadora sociedad inglesa: el punk.

Jones y sus amigos ensayaban en un pequeño departamento adonde llegaban otros músicos y varios amigos más, a escucharlos tocar, a fumar, a juguetear con los instrumentos. Luego salían a escuchar música en algún bar o a caminar por las calles de Londres. No había mucho dinero, pero sí mucha curiosidad, mucha avidez por conocer, por aprender. Y cuando alguno de ellos quería comprarse algo de ropa distinta, tenía que ir siempre a la tienda Sex, que Malcolm Maclaren y Vivianne Westwood habían abierto, y que se convertiría en el epicentro del movimiento cultural y musical, que estos jóvenes enarbolarían.

En la tienda Viv conocería a los otros dos grandes protagonistas de la oleada punk: Johny Rotten y Sid Vicious, con quien Viv formaría su primera banda de punk impulsada por sus amigos: Flowers of Romance, que tendría una vida efímera, pero que sería la semilla de la banda de punk The Slits (Las vaginas), conformada por puras mujeres: Viv Albertine en la guitarra, Ari Up en la voz, Palmolive en la batería y Tessa Pollit en el bajo. Con esa alineación la banda empezaría a ensayar en un destartalado departamento del norte de Londres, con la intención de aprender a tocar sus instrumentos, en un primer momento, mejorar y poder tocar frente al público, en lo que podemos llamar como el nacimiento de una banda que sabía que sus limitaciones técnicas no era impedimento para hacer la música que a ellas les interesaba hacer.

Viv Albertine lo dijo en alguna entrevista, ver a los Sex Pistols tocar les dejaba claro que sí ellos, sus amigos, los tipos con los que reventaban, que venían de los mismos barrios que ellas, los tipos que habían estudiado en las mismas escuelas que ellas, podían hacerlo, ¿Por qué ellas no?

Y lo hicieron, tocaron en los mismos pubs, en los mismos estudios, en las mismas fiestas, desafiando a un público violento y anárquico, que les escupía (literalmente) toda clase de improperios, groserías y les aventaba latas de cervezas, mientras les gritaban que se bajaran, que las mujeres no podían estar ahí. Y ellas se mantuvieron ahí, al frente, desafiantes, rudas, respondiendo golpe por golpe.

Una de las partes más interesantes del libro es cuando Viv nos cuenta de manera cruda, cómo fue estar de gira junto a otras bandas, en donde la cabeza de cartel era The Clash. Una gira en la que tenían que dormir en hoteles diferentes al resto de las bandas, comer en lugares diferentes, solo porque eran una banda de mujeres desafiantes, desmadrosas. Algo que molestaba a los promotores de la gira, a los gerentes de los hoteles y a los promotores locales de la gira. A todos los hombres que estaban a su alrededor. Y ellas lo soportaron, lo sortearon y se enfrentaron a cientos de hombres ruidosos que coreaban improperios en cuanto ellas se presentaban en el escenario. Y sobrevivieron a esa gira.

Pero las desavenencias internas de la banda no lograron sortear el segundo disco. A los 27 años Viv Albertine se queda sin lo que había sido el motor de su vida: el arte, la música. Y empieza el Lado B. Un lado más oscuro, más denso, a pesar de nos habla desde la aparente normalidad de la vida: trabajo, familia. Pero las cosas nunca han sido fáciles para las personas, para los artistas que vienen desde abajo. La enfermedad está a la vuelta de la esquina. Pero también está la amistad telefónica con el actor Vicent Gallo, cuya voz cimbrará la relación que Albertine había mantenido con su esposo. Un hombre que se había enamorado de una mujer que había formado parte del movimiento punk, pero que quería someterla, silenciar a esa mujer libre que había sobrevivido sola.

Ropa, música, chicos, es una autobiografía extraña, pues no está contada desde el éxito, desde el triunfo, sino desde la duda, el sacrificio, la lucha. Es la historia de una chica normal, de clase trabajadora, que logró hacer lo que quería: Música. Es la historia, cruda, sin mentiras, de una lucha que nos demuestra que el arte debe incomodar, ser duro, salvaje. Sin medias tintas. Sin bondad. Es ahí en donde encontramos la belleza. En la sinceridad, en la desnudez. Y es por eso por lo que el libro de Viv Albertine nos saca de nuestra zona de confort para cuestionarnos qué es lo que le ha pasado a la música en los últimos treinta años.