Trilogía Africana de Chinua Achebe

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Sí pudiéramos definir la obra del escritor nigeriano Chinua Achebe (1930-2013) con una sola palabra esta sería sin duda alguna la de síntesis. La obra de Achebe logra sintetizar de manera asombrosa, mágica, las profundas contradicciones que existen en África a partir de la llegada los colonizadores y conquistadores europeos.

Hay que decirlo, toda sociedad es en sí misma una amalgama de tradiciones y transformaciones que laten en su interior. Ningún grupo social es por definición estático Sin embargo los grandes choques culturales aceleran los procesos de cambio, no siempre para bien. Tras el llamado descubrimiento de América las transformaciones fueron trepidantes, intensas, pero en muchas ocasiones fueron promovidas por la visión del mundo que tenían los pueblos europeos occidentales. Una visión trastocada por el imperialismo y el afán de conquista que los empujaba a dominar la mayor cantidad de tierras posibles para expoliar así la mayor cantidad de riquezas y poder financiar su carrera hacia la hegemonía. Nigeria, la tierra natal del escritor Chinua Achebe, no fue la excepción.

Las tierras de los países y naciones africanas fueron expoliadas de maneras brutales empezando por la esclavitud a la que fueron sometidos millones de personas en un capitulo vergonzante de la historia humana. Sin embargo el traslado de estos hombres y mujeres como mercancía hacia América marcaría el inicio de la desigual relación que se estableció entre las naciones europeas y los países africanos.

Todo esto se encuentra en la obra de Chinua Achebe, quién ha sido considerado el padre de la literatura africana. Todo ese pasado se encuentra ahí, latente, aunque no haya necesidad de nombrarlo, de señalarlo. Porque la novela que abre esta Trilogía Africana, “Todo se desmorona” no necesita nombrar el cataclismo para que el lector logre darle nombre y rostro a la amenaza que se cierne sobre la vida de los pobladores de la nación Igbo: los blancos que significan la transformación, el cambio acelerado para el cual tal vez la gente no estuviera preparada. El cambio impuesto desde una remota capital llamada Londres.

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Lo que vemos en las novelas que componen la “Trilogía Africana” de Achebe es la forma en cómo se imponen estos cambios a comunidades con estilos de vida propios, que han construido a lo largo de miles de años. Sociedades que de repente se ven sometidos por nuevos amos que imponen una visión completamente diferente a su forma de ser, a sus tradiciones. Una visión empañada de superioridad, de racismo, de indolencia, de desconocimiento hacia el otro. Una visión construida a partir de la idea que el otro es inferior, es un salvaje, un bárbaro que necesita ser sometido, conquistado para que conozca la verdadera civilización. Una visión que supone que todo lo hecho por los otros es inferior a nuestras propias ideas y creaciones. Una visión, en fin, imperialista que termina por deteriorar las relaciones sociales que se entablan entre los miembros de las diferentes culturas y sociedades.

Todo se desmorona, la novela que abre esta “Trilogía Africana” ha sido considerada una de las obras cumbres de la literatura africana, se concentra en la vida cotidiana de un clan de la nación Igbo: un clan fuerte, bien estructurado, con sus costumbres y ritos, sus reglas estrictas de convivencia, planteadas muy claramente. Reglas que pueden chocar a la mirada de los occidentales del siglo XXI, pero que el autor plantea sin rodeos, sin ánimos de endulzar la realidad. Son reglas duras, machistas, a veces injustas, pero son reglas que ellos establecieron a lo largo de su historia.

Dentro de este clan vive un hombre llamado Okonkwo que se ha abierto camino en su sociedad a partir del trabajo duro y el seguimiento estricto de las reglas del clan, tratando de olvidar así el legado de su padre al que considera como un hombre débil y entregado los placeres de la vida más a que al trabajo, según Okonkwo. Gracias a la prosa poderosa de Achebe el lector es capaz de conocer y entender el día a día en una de las aldeas de la nación Igbo, que a pesar de que tienen costumbres en común con las otras ocho aldeas que la rodean nunca han conformado un país o una nación como nosotros lo entendemos actualmente: tienen sus problemas, sus diferencias, sus rencillas. Y éstas serán usadas por los misioneros británicos para acceder al control político de las diferentes aldeas, que a pesar de que ya formaban parte de las divisiones administrativas del Imperio Británico, seguían conservando sus costumbres políticas y sociales y solo le rendían un tributo económico a los ingleses. Sin embargo esto cambiará cuando se instale una iglesia y una escuela protestante en la aldea, transformando así las relaciones sociales de la comunidad.

En la primera parte de Todo se desmorona Achebe hace un recuento fascinante de las relaciones sociales de su pueblo: nos cuenta sobre el papel de los hombres en la economía, la división del trabajo por géneros y por edad, los distintos matrimonios de Okonkwo, lo cual nos permite entrar a la desigualdad en la que viven las mujeres de la tribu, pero al mismo tiempo nos permite entrar a la intimidad de sus casas, de su vida cotidiana. Achebe hace un retrato vivo, lleno de energía, que nos permite disfrutar de la sencillez y la dureza de la vida en el campo, nos permite ver el poder de los mitos que han construido la visión del mundo de los Igbo. Un mundo lleno de historias, en donde el lenguaje es esencial, es donde la transmisión del conocimiento se realiza a través de la tradición oral a partir de historias y cuentos, lo que nos permite adentrarnos en ese mundo lleno de fantasmas, de animales fantásticos, metáforas, cuentos, que reconstruyen un mundo distinto, en donde lo espiritual se confunde y convive con lo material. Un mundo en donde los muertos son tan importantes y respetados como los vivos.

Es este universo complejo el que se desmorona lentamente ante la llegada de los blancos y sus imposiciones, ante este universo británico que llega a imponer una visión del mundo materialista, en donde las tradiciones y costumbres anteriores son desechadas por considerarlas innecesarios en este mundo que se transforma rápidamente.

La obra de Chinua Achebe nos permite ver así a un continente, África, sobre la cual el mundo occidental ha creado muchas mentiras al considerarlo atrasado y violento. Sin embargo, como podemos ver en novelas que conforman la Trilogía Africana, Todo se desmorona, Me alegraría de otra muerte, La Flecha de dios, esta realidad es mucho más compleja y rica que lo que podríamos creer en un primero momento. Compleja, distinta, amplia, imposible de asir con unas cuantas palabras. Es por eso que los conceptos occidentales empobrecen esta realidad que ahora podemos conocer a través de la obra de uno de los grandes escritores africanos (y podríamos decir sin temor a equivocarnos, mundiales) cuya obra es traducida por primera vez al español.

Todo se desmorona construye así un universo en donde el africano es por primera vez un personaje real, con motivaciones y conflictos reales y no la visión exótica y prejuiciada de alguna pluma enfebrecida por los impulsos de llevarles la “civilización y el orden” a los otros.

Achebe nos muestra una cultura viva e intensa, compleja y llena de posibilidades que la colonización no pudo arrancar de tajo como pretendía. África es, para muchos de los lectores, un universo por “descubrir”. Achebe nos permite acercarnos y quitarnos los antifaces que ha creado la visión occidental de un mundo vibrante, tan cercano y tan lejano al mismo tiempo.

Editorial: Random House Mondadori. 

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