Shackleton: estandarte de creaciones macabras e intimidantes

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Una de las grandes bombas más inesperadas quizá, sea el arribo del increíblemente prolífico Shackleton a la edición 2015 de MUTEK México. Uno puede imaginar decenas de artistas y acertar a parte del cartel, pero si algo está muy claro es que es una enorme sorpresa, creo que nadie lo imaginó.

Shackleton es una fosa llena de creaciones macabras experimentales sorprendentes, hay dubstep y muchos órganos sintetizados, le gusta el coqueteo con el techno y encontramos referencias inclusive, a la danza, es en pocas palabras un artista con un entorno intimidante que trasciende más allá de sonidos apocalípticos épicos. Si uno escucha detenidamente y rastrea el mensaje, encontraremos un sentido orgánico del movimiento de la música. Melódicamente en conjunto, a través de su mundo se percibe algo fantasmal con implementaciones espirituales que a su vez encuentran un equilibrio en tonos suaves y melancólicos. Los coros eléctricos o capas de voces con las que trabaja también están muy presentes y son su etiqueta personal.

Eso es en gran parte a sus primeros trabajos que datan desde el 2005 cuando se inició, pero no fue hasta que gracias a la presencia de impenetrables, gruesas, apiladas y glorificantes disonancias casi imperceptibles a un nuevo mundo de frecuencias estéticamente cuidadas de su obra maestra: Music For The Quiet Hour / The Drawbar Organ EPs de 2012, que estableció su propio simbolismo, una especie de nueva síntesis mega abrazada en los avances que la tecnología moderna tiene que ofrecer.

El disco arropa perfectamente y engloba todo lo que ha venido haciendo hasta el día de hoy, todo lo que produce puede parecer raro en comparativa con los círculos de la música de baile mundial porque él a diferencia de beats tradicionales muestra como estandarte morbosas imágenes y esqueletos rítmicos de su música. Acordes fúnebres y de alguno o miles de panteones desolados instrumentados por un órgano, un órgano que pareciera evocar las resonancias más monstruosas destinadas a generar conmoción en presencia de una deidad todo poderosa.

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¿En verdad se piensan perder este acto en vivo? No sabemos exactamente con que nos vamos a encontrar pero podemos predecir mucha versatilidad de sonidos que seguramente se expandirán significativamente hasta quedar muy dentro de ustedes hasta convertirse en arpegios largos y parabólicos, repitiéndose una y otra vez hasta alcanzar el infinito, hasta quizá encontrar un bloqueo que abra las puertas indirectamente a una dimensión más melodramática.

Sam Shackleton requiere atención y múltiples escuchas. Es complejo y abstracto pero contagioso, magistralmente bien elaborado en la decadencia experimental. Si no están familiarizados con su mundo, puede tomar un poco de tiempo para acostumbrarse, pero una vez ahí, nulas ganas darán de alejarse de su extraño y desconcertante abismo.

Un ente asombroso que ha marcado una evolución dejando tensión a su paso, una tensión hacia una música más madura.


Music For The Quiet Hour / The Drawbar Organ EPs

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Música, MUTEK.MX

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