El fracaso de las Marchas Anti Trump

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El pasado domingo 12 de febrero se efectuaron en la Ciudad de México dos marchas simultáneas que buscaban presentar una imagen de unidad en contra de la amenaza que representa el Presidente Trump contra México y nuestros paisanos que viven y trabajan en el país vecino. VibraMéxico, marcha convocada por 77 organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas (entre ellas la UNAM) y asociaciones empresariales, que marcharon desde el Auditorio Nacional hacia el Ángel de la Independencia, que se afirmaba como una marcha plural en la que la crítica era hacia el Presidente norteamericano, también podía incluir una visión crítica en contra del gobierno mexicano.

La otra marcha salió del Hemiciclo a Juárez a la misma hora rumbo al Ángel, pero esta había convocada por la organización Alto al secuestro que dirige la Sra. Isabel Miranda de Wallace, que alegó que la marcha no era para criticar al Presidente Peña sino para mostrar la unidad de México en contra del desafió que Trump representa.

Las críticas a las dos marchas no se tardaron en llegar y como es costumbre, las redes sociales se convirtieron en el ruedo para dirimir las distintas opiniones sobre estas marchas y la falta de claridad de sus objetivos. Para unos criticar a Trump sin criticar a nuestro gobierno es una muestra de debilidad o de hipocresía, para otros, es el momento de estar unidos. Muchos comentarios críticos que se hacían hablaban justo de nuestra incapacidad para unirnos en contra de Trump, que ha enarbolado un mensaje racista en contra de los mexicanos desde su campaña electoral.

Sin embargo aquí valdría hacerse varias preguntas sobre el tema de la Unidad: ¿Unidos para qué? o ¿Unidos detrás de quién o de qué?

Preguntas sobre las que tal vez no haya una respuesta certera que nos permita además entender el clima de polarización que se vive en el país desde hace varios años. Porque hay decirlo, la situación  no es nueva y tal vez deberíamos tratar de entender de donde surge la polarización para poder trabajar o en subsanar las diferencias políticas, que mantienen al país en un estado de crispación.

Hay que entender primero que las diferencias políticas son necesarias y sanas, y que la tolerancia a esas posiciones contrarias y diferentes son muestra de una sociedad madura políticamente. Por desgracia, eso no es lo que encontramos en México. En nuestro país somos reacios a respetar y a escuchar al otro, las discusiones políticas son, la mayoría de las veces, diálogos de sordos, ya que en realidad la mayoría de las veces lo que podemos observar son discusiones que terminan a gritos y a mentadas de madre. No somos un país acostumbrado a escuchar y a entender al otro. Queremos imponer nuestro punto de vista. Y la política no se trata de imponer sino de negociar, de llegar a acuerdos.

Sin duda las elecciones federales del 2006 son un parte aguas para entender la división política que se vive en México. Una victoria por un margen mínimo detonó protestas y acusaciones de fraude por parte de la izquierda que la derecha ganadora no quiso aclarar correcta y satisfactoriamente, ya que para ellos la victoria se obtuvo: “haiga sido haiga sido” y no tenían por qué explicar nada. Y de ahí se vinieron seis años en donde lo que privó fue la descalificación y la violencia verbal. De unos y otro, hay que decirlo. Así chairos y derechairos utilizamos las redes sociales para denostarnos, denigrarnos y burlarnos los unos de los otros.

Sin embargo la derecha en México tiene un gran aliado a su favor en esta guerra de descalificaciones: los grandes medios de comunicación, que han jugado un papel perverso como grandes aliados de la clase política que observa con sorna como los ciudadanos mexicanos somos incapaces de ponernos de acuerdo hasta en cuestiones mínimas. Los grandes medios de comunicación (radio, televisión, prensa escrita, que muchas veces están controlados por las mismas manos) se han burlado, se han mofado en muchas ocasiones de las posiciones críticas, cuando no han pedido abiertamente la represión de todo movimiento social de protesta, sin importarles las razones de esos movimientos. Así pareciera que el país está dividido en dos polos muy bien diferenciados en donde unos tienen los medios y los otros la rabia y el enojo.

La guerra emprendida por el ex presidente Calderón en contra de los grupos de narcotraficantes, en un intento de buscar la legitimación que las urnas no le dieron,  dejaron además secuelas de violencia y de sangre que no se veían desde los tiempos de la Revolución Mexicana de 1910. En los últimos 11 años la guerra contra el narco (cuya estrategia fue seguida por Peña Nieto, también señalado de llegar a la presidencia a través de la corrupción) han dejado las cifras escalofriantes de 120 mil muertos y 30 mil desaparecidos. Cifras que solo se alcanzan en países que viven guerras civiles abiertas y declaradas. Esto ha dejado una enorme cantidad de personas con heridas abiertas muy difíciles de cerrar. Los hechos de Tlataya, de Apatzingan y por supuesto la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa abrieron las dudas sobre la actuación de las fuerzas armadas en nuestro país. Algo, que sin embargo los grandes medios de comunicación, se han negado a investigar o a ver y han tratado con desdén, con furia, con hartazgo a las víctimas que solo buscan la reparación de lo que han sufrido.

La lista agravios de estos últimos 11 años en contra de los ciudadanos en México se puede alargar con los escándalos de corrupción de Peña Nieto (la Casa Blanca de Las Lomas) y de su gabinete, los asesinatos en contra de periodistas críticos, de defensores de derechos humanos, que han venido a ahondar las divisiones entre los ciudadanos. Por lo que no resulta fácil salir y hablar de “unidad” cuando lo que se ha buscado en los últimos 11 años (con mucho éxito) es mantener a la población dividida y enfrentada

La marcha convocada por la Sra. Wallace pedía que nos uniéramos en contra de las políticas y del discurso de Trump en contra de los mexicanos pero sin criticar a Peña Nieto. Lo cual es un absurdo. La marcha VibraMéxico, por otro lado, falló al no lograr transmitirle al público que era una marcha amplia y plural, en donde la crítica al gobierno mexicano podía ser ejercida. Por lo que solo 20 mil personas, según, las estimaciones, salieron a marchar ese día.  Yo no creo que los mexicanos seamos incapaces de ponernos de acuerdo, pero lo que no tenemos en este momento es un proyecto, una idea de país que nos incluya a todos y que por lo tanto nos una a todos. Y no lo encontramos, porque tal vez no exista en este momento, porque tal vez no deberíamos esperar menos de la clase política que gobierna este país. Lo que tal vez deberíamos empezar a hacer es empezar a pensar que la solución de nuestros problemas tiene que salir de nosotros y que debemos cambiar nuestras maneras de actuar políticamente: Tal vez lo que deberíamos empezar a hacer es escuchar al otro y tratar de entender al otro, entender al que no piensa como yo. Pero las soluciones nunca son fáciles y no vienen empaquetadas. Y mucho menos van a venir de la mano de un sujeto como Trump o de un sujeto como Peña Nieto.