¿Un robot que compone música?

El Test de Turing, elaborado por Alan Turing desde el año 1950, es una prueba para evaluar la habilidad de una máquina para exhibir un comportamiento inteligente similar o indistinguible del de un ser humano. Turing decía que si conversabas con una máquina y no lograbas identificar que lo era, entonces esta habría pasado la prueba. Tal cosa la hemos visto cumplirse sólo en películas como Ex Machina de Alex Garland, pues la inteligencia artificial a tal grado, la mayoría sólo la hemos pensado como un tema de ciencia ficción. Pero no Mason Bretan, estudiante del Doctorado en Tecnología Musical en el Instituto de Tecnología de Georgia, quien desde hace ya 7 años tiene trabajando con Shimon, un robot de cuatro brazos que toca la marimba y recientemente ha aprendido a componer música.

Con la ayuda de los últimos avances en Inteligencia Artificial y Deep Learning, Shimon ha logrado tocar sus propias composiciones, las cuáles resultaron ser una combinación entre jazz y clásico, esto porque lo han alimentado con 5000 canciones de todo tipo, desde Mozart hasta Miles Davis, también cuenta con un banco de datos de hasta 2 millones de motivos y riffs musicales. Independientemente de haber ‘plantado la semilla’, ningún humano estuvo involucrado en el proceso, por lo que no es posible predecir lo que va a componer. Previamente, tocaba de forma monofónica, ahora puede tocar armonías y acordes complejos, ¡a distintos ritmos! Shimon tendrá su debut como compositor este fin de semana en el Aspen Ideas Festival.

Y aquí es donde se abre la discusión, imaginen estar en sus coches escuchando la radio en el tráfico y de repente tienen un momento sublime como ninguno otro, todo gracias a la música hermosa que emana de las bocinas, ¿qué harías si te dijeran que la música que tanto te ha cautivado fue compuesta por un robot?, ¿no te causa conflicto? A lo largo del siglo pasado hemos observado como las máquinas han logrado realizar muchas de las acciones básicas del hombre, pero cuando se trata del arte en sí, es apropiado cuestionarse hasta qué punto estamos deshumanizándonos. Se supone que el arte es para comprender e identificarnos con el otro,  para externar nuestros propios sentimientos, no una consecuencia de un algoritmo matemático y movimientos mecanizados… Aunque al final, ¿no es una persona quién lo creo?