Cisne Negro: Distorsionando el ballet clásico

Ahora en vacaciones tuve la oportunidad de ver varias cintas que se proyectan en la competitiva temporada de fin de año, etapa destinada al estreno de varios filmes de “prestigio” que se estrenan con la finalidad de llamar la atención de la crítica especializada y poder ser considerados en la carrera de la entrega de premios y reconocimientos (que culmina con la ceremonia del Oscar).

Les aseguro que ninguna cinta me resultó tan perturbadora como “Black Swan” (Cisne Negro), la más reciente película de la autoría de Darren Aronofsky en donde nos presenta el descenso a la locura de Nina (Natalie Portman), una joven bailarina neoyorquina sometida a la estricta vida que experimente en su cotidianeidad cualquier miembro de una prestigiosa compañía de ballet en la gran manzana y quien recibe la oportunidad de una vida cuando es seleccionada para interpretar el rol protagónico en una versión particular de El Lago de Los Cisnes.

Aronofsky orquesta una verdadera pesadilla psicológica en donde, similar a la anécdota de “Repulsión” de Roman Polanski, nuestra protagonista puede estar experimentando una persecución imaginaria, producto de las demandas a las que es sometida en su vida diaria por su estricto director (Vincent Cassel), sus compañeras de montaje y una madre frustrada, promesa en algún momento del mundo del ballet, y quien ve ahora en su hija el vehículo perfecto para finalmente cumplir sus sueños artísticos.

Todo parece conspirar alrededor de la pobre Nina, quien apenas prueba alimento y quien sufre de un desorden de autoflagelación. Al igual que en “The Wrestler” (El Luchador), el director muestra la radiografía fracturada de un personaje sumamente afectado e imposibilitado por el rigor de la misma vida quien decide enfrentar un último reto con la finalidad de probar su espíritu en un evento climático. La gran diferencia aquí es la falta de elementos autobiográficos que puedan servir como soporte de la misma ficción (en comparación con el uso de la figura de Mickey Rourke con quien encontramos varias afinidades con el personaje de Randy “The Ram” Robinson) por lo que el realizador tiene que crear todo el universo de “Black Swan” basándose en el talento de su elenco, de su director de arte (la casa de Nina es simplemente una terrorífica cueva sigilosamente guardada por la madre) y en el del director de cinematografía, el gran Matthew Libatique quien abandona todo el brillo y esplendor comúnmente relacionados con el mundo del ballet clásico por tonos oscuros y sucios, como los que bien podrían predominar en las constantes pesadillas de la protagonista.

Mérito a Portman, una actriz que navegaba con el título de buena intérprete pero que no es hasta esta cinta donde finalmente muestra la inteligencia y el talento con el que se le ha relacionado a lo largo de su carrera. Su creación de Nina es simplemente un trabajo de delicada construcción y de un rigor fuera de lo común al ejecutar varias de las coreografías presentadas en la cinta.

Tengo la impresión que “Cisne Negro” probablemente resulte el filme menos entendido del año, principalmente por el mismo tono que raya en lo “camp” y en el melodrama clásico exacerbado de cintas sobre el mundo del espectáculo en donde las traiciones, la seducción, la competitividad y finalmente la realización son factores de la formula (“All About Eve” relocalizada en Lincoln Center), sin embargo creo que se trata de la misma intención del director. “Black Swan” no es precisamente una cinta sobre el universo del ballet clásico y de sus participantes, se trata de una cinta de terror que tiene como protagonista a una débil figura quien prácticamente está perdiendo la razón y quien en su misma locura encuentra el medio para llevar el suceso artístico hasta sus últimas consecuencias.

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