¿Puede la tecnología en la música sustituir a la sensibilidad humana?

Hace algunos días curioseaba en un blog especializado en instrumentos musicales, software de producción, gear y demás… Mientras revisaba los nuevos lanzamientos de algunas de las más importantes de ese rubro me topé con esto: el Gibson Min-ETune, un sistema de afinación automática para guitarra.

 

 

En primera instancia suena a un gran avance: una pequeña maquina -que funciona con pila- que de forma automática afina la guitarra en segundos, sin margen de error, con 12 afinaciones pre-cargadas y bla bla bla… Lo que me llevó a recordar la guitarra Firebird X -también de Gibson-, una especia de Frankenstein de seis cuerdas con afinadores robóticos, efectos digitales integrados -reverbs, delays, distorsiones, etcétera-, emulador de “sonidos clásicos” y la capacidad de servir café capuchino en segundos -bueno, esto último le falta, pero ya encarrerados debieron considerarlo como opción-.

Ya inmerso en esta “revolución” tecnológica, me pregunté: ¿De verdad es necesaria tanta innovación en el campo de la música? Qué tal las tornamesas (y software de mezcla) con crossfade y sync automático; ni se diga todos y cada uno de los plug-ins de corrección vocal drástica como Auto-Tune o Melodyne; el tiempo elástico en los DAWs más populares para corregir -en segundos- hasta al baterista más arrítmico sobre la Tierra. La lista podría seguir infinitamente.

Antes de ser llamado anticuado y opositor del progreso tecnológico, aclaro, mientras los avances estén a favor de la creatividad y sensibilidad humana deberán ser bien recibidos, ya que cuando funcionan como extensiones de nuestra imaginación pueden resultar en revoluciones sonoras que de otra forma no hubieran ocurrido -ejemplos de esto existen a lo largo de toda la historia-. Lo que no debería suceder es que nos volvamos dependientes de esa tecnología y que perdamos la capacidad de realizar las funciones más básicas de la disciplina que pretendamos dominar.

Afinar una guitarra u otros instrumentos de cuerda -incluso con afinador electrónico o con referencias auditivas- debería ser algo indispensable para cualquiera que tome en serio lo que hace. Un DJ debería saber el momento preciso de sus transiciones y la elección de sus tracks tendría que estar dominada casi como un reflejo, no que algún algoritmo se encargue de todo el trabajo. Un baterista/percusionista debería mantenerse en tempo por lo menos durante algunos compases, qué va, una sección completa de la canción. Los cantantes deberían entonar por lo menos cerca de la nota esperada y tener un conocimiento interválico básico -aún y cuando sea de forma empírica, pero con práctica de por medio-. Sólo falta que nos conecten a un respirador artificial y que controlemos la computadora parpadeando.

Podrá sonar clavado, pero es la verdad. Aunque -afortunadamente- existe la contraparte. Todavía existen personas que practican por horas para dominar las tornamesas como una extensión de sí mismos, o quienes dedican algunos minutos diarios al entrenamiento auditivo, o los que combaten contra el metrónomo.

En fin, podría estar equivocado pero la tecnología jamás podrá sustituir a la sensibilidad, a la creatividad, a los pequeños errores e inconsistencias inherentes de los seres humanos . ¿Verdad?

 

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